
Seynabou Mbengue, de la Federación de ONG de Senegal (FONGS – Acción Campesina), con sede en Thiès (Senegal), nos ha escrito estas líneas en el contexto del Decenio de las Naciones Unidas para la Agricultura Familiar (2019-2028), así como del Día Internacional de las Mujeres Rurales, reconocido por las Naciones Unidas desde el 18 de diciembre de 2007 y que se celebra cada año el 15 de octubre.
La discriminación por motivos de género es una práctica habitual en Senegal y en todo el mundo. De hecho, las relaciones entre hombres y mujeres se caracterizan por numerosas desigualdades: acceso a la tierra, acceso a los factores de producción (agua, insumos agrícolas, semillas, animales, productos fitosanitarios), acceso al crédito, acceso a la educación, a la formación, a la información…
Las desigualdades también afectan a los derechos civiles y políticos (matrimonios precoces y forzosos, violencia, discriminación, ablación, prohibición del trabajo de las mujeres, etc.). Las mujeres también se ven más afectadas por fenómenos como las guerras, los tabúes, el integrismo religioso, el cambio climático, etc.
Las mujeres son un grupo vulnerable que a menudo se encuentra en una situación de dependencia económica y social con respecto al padre, el marido, el hijo, el hermano, etc. Las estadísticas sobre la situación de las mujeres son elocuentes:
Cada año, más de un millón de mujeres mueren o quedan discapacitadas como consecuencia del embarazo. En Senegal, al menos cinco mujeres mueren cada día como consecuencia del embarazo. Esta tasa de mortalidad es más elevada en las zonas rurales, donde el acceso a las estructuras sanitarias es generalmente bajo (entre el 30 % y el 50 %).
En Senegal, las mujeres son utilizadas como mano de obra en las operaciones de movilización social (políticas, religiosas, pero también actividades rurales).
Aunque son muy activas en la economía rural, se ven frenadas por obstáculos que dificultan su desarrollo, como el analfabetismo, el desconocimiento de sus derechos y los prejuicios heredados de la cultura y transmitidos por las propias mujeres.
En conclusión, para que el espíritu emprendedor y la emancipación de las mujeres rurales sean efectivos, la lucha debe centrarse en la escolarización de sus hijos e hijas y en su permanencia en la escuela.
Seynabou Mbengue
Facilitadora en materia de género y desarrollo en entornos rurales y periurbanos

