Construir un porvenir que ponga fin a la persistencia de la pobreza respetando a todas las personas y el planeta
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El 17 de octubre es el Día Mundial para la Erradicación de la Extrema Pobreza.
Conmemoramos esta jornada desde 1987, año en el que Joseph Wresinski hizo un llamamiento a miles de personas de todos los ámbitos de la sociedad, congregados en la Plaza de las Libertades y de los Derechos Humanos en París, para afirmar que:

Allí donde hay personas condenadas a vivir en la miseria, los derechos humanos son violados. Unirse para hacerlos respetar es un deber sagrado”.

En 1992, la ONU reconoció el 17 de octubre como una jornada internacional. Desde entonces, en muchos lugares del mundo hay personas que se movilizan para recordar públicamente que el ser humano es capaz de poner fin a la extrema pobreza. En este Día nos reunimos entorno a personas como las familias de Bujumbura, en Burundi, que dicen: Queremos seguir caminando de la sombra a la luz y con esperanza, para salir adelante con nuestras familias y nuestro país.”

En 2020 y 2021, nuestro mundo ha sufrido un duro golpe debido a la crisis sanitaria mundial de la COVID-19, que ha amplificado las desigualdades y empeorado la situación de las personas que viven en situación de pobreza. No solo son víctimas de la destrucción del medio ambiente, sino que a menudo son olvidadas por los Estados y amenazadas con ser abandonadas generación tras generación. Excluidas del desarrollo sostenible, a menudo son culpadas por comportamientos considerados no sostenibles.

Sin embargo su papel en la construcción del porvenir es incontestable. Son agentes clave del cambio y actúan cada día para acabar con la persistencia de la pobreza; inventan sin parar y se transmiten entre miembros de la familia y de la comunidad, acciones y gestos que respetan a las personas y a la naturaleza, y que permiten soportar mejor las consecuencias de la pobreza cotidiana.

Estamos en un momento crucial. Es una oportunidad única para atreverse a pensar y actuar de forma diferente. Empoderar a las personas afectadas evitaría que las crisis agravaran su situación de pobreza, actuando como un "doble castigo". Como nos dice Chrismaine, de Haití: "Acabando con la persistencia de la pobreza, la tierra se tornará más justa".

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