Cada actitud, cada gesto cuenta para el combate a la pobreza extrema y la exclusión. Hay varias formas de actuar, independientemente de nuestras capacidades y disponibilidad. Estos mensajes, estos testimonios son la expresión de estas experiencias. Siéntase libre de contribuir.

Los testimonios se publican bajo la responsabilidad del autor. Están sujetos a la validación, que se publicará sólo si cumplen con la forma y el fondo del espíritu de este día, tal como se define en la Carta Internacional del 17 de Octubre.

 

Testimonios
Guatemala

Testimonio de Doña Aida

Testimonio de Doña Aida Morales para el Cambio de la Rosa de la Paz por la conmemoración del Día Internacional por la Erradicación de la Pobreza Extrema, 17 de octubre del 2012.

Mi nombre es Aida Esperanza Morales, tengo 31 años y vivo en La Línea Férrea, en la ciudad de Escuintla.

Cuando yo tenía 6 años mi mamá murió.

Mi tía que nos recogió tenía un sinfín de patojos y no se daba abasto, entonces empecé a trabajar desde los 11 años, vendiendo pan a las 5 de la mañana. Para mí en esa época era pésimo que me levantaran en la madrugada, pero no tenía de otra. Ese fue mi primer trabajo.

Cuando tenía 14 años empecé a trabajar en casas, ahí pasé mucha humillación. El primer día la señora me enseñó la casa y me dijo “aquí está la cristalería”, yo iba a agarrar un vaso y me dijo “¿qué vas a hacer?”, “voy a tomar agua” le dije toda humillada, “permitime, permitime” me dijo y me llevó donde estaba el lavatrastos. Ahí tenía un cajoncito, ella se quitó el zapato y con el pie me señaló el lugar donde estaban y me dijo “esos van a ser tus platos” era un plato plano, un plato hondo y una taza, todos de plástico.

Durante la mañana yo hacía la limpieza, dejaba ordenado los cuartos de los niños y luego me iba a la zapatería de la señora a ayudarle. Cuando regresábamos en la tarde los niños ya habían desordenado y la señora me regañaba diciendo “¿qué hiciste en toda la mañana?” , el señor le trataba de explicar “no seas desconsiderada, ella dejó arreglado, los niños cuando vinieron desordenaron” y ella le dijo: “¡No la tapés, no seas alcahueta!”.

Luego dicen ¿por qué se queja? Tiene un cuarto, jabón para lavar su ropa, le damos su comida. Su sueldo le queda libre, ¿libre de qué? Digo yo, si ese dinero son migajas. En ese tiempo yo era una niña de 14 años, ¿qué culpa tenía yo de que mi mamá hubiera muerto y mi papá no me hubiera reconocido, para yo estar siendo maltratada?

Un mes y quince días trabajé ahí porque es insoportable aguantar ese tipo de trato. Si uno solamente se enfocara en las malas experiencias, ya no hubiera gente en este mundo, porque deprime la situación.

Después trabajé en una maquila, yo ya tenía 2 hijas y un hijo de 3 meses para los cuales tenía que ser padre y madre. El primer día que yo me presenté a la maquila a trabajar, lamentablemente me tocaba hacer vela. Yo dije “no puedo, estoy dando de mamar a mí bebé” era el primer día y me dijeron “usted decide si tiene interés del trabajo o se va a darle de mamar a su hijo”. Para mí fue un choque, un impacto, no me lo esperaba, tuve, con el dolor de mi corazón para no perder mi trabajo, que dejar a mi niño. Al otro día, cuando llegué con mi hijo yo le intenté dar de mamar, pero no quiso y desde esa vez dejó de mamar.

Esa fue una de las consecuencias, de lo que ganaba tenía que comprarle los botes de leche a mi niño. No me tuvieron consideración.

Yo en la maquila me sentí explotada porque por hora tenía que inspeccionar 100 piezas ¿y por hora cuánto le están pagando a uno? Si de toda la línea salían 20 piezas malas, en una sesión llamaban a la línea completa, y a la supervisora y a nosotras nos daban una gran regañada enfrente de todos, eso era una gran humillación.

En esa maquila donde me hicieron velar, estuve sólo tres meses porque cerraron y nos despidieron a todos. Luego trabajé en otra maquila en Villa Nueva, donde hice casi el año.

Se ha perdido tanto el valor del ser humano. Algunos ricos, porque tienen, se sienten con el derecho de tratar mal a los más humildes y el pobre por la necesidad se somete a ese trato.

¿Cómo se atreven a hacer esas diferencias sociales? Al que es de dinero le buscan un buen puesto, al que es pobre ¿qué hacen con el que es pobre? Una patada para fuera porque no sabe leer, que hiede, que va mal vestido, cuántas cosas recibe uno de pobre y ¿cómo va a tratar uno de vestirse bien si nunca le ponen a uno un buen sueldo? O ¿cómo va a tratar uno de alimentarse mejor si no le dan la oportunidad de trabajar?

Lo que hace falta es la humanidad, que le den valor al ser humano, que no vean su condición sino que vean lo que él está sirviendo en un trabajo, su aporte, su esfuerzo, su tiempo, todo lo que uno le entrega al trabajo. Uno deja a sus hijos, deja su casa, incluso a veces uno enfermo no deja de ir a trabajar.

Todo trabajo es digno, lo indigno es el trato. Yo hallo que lo digno es tratarnos como seres humanos sin ver la condición. Si el otro ha tenido la oportunidad de superarse que agradezca al creador y apoye a otros para que también se superen.

Cambio de la Rosa de la Paz el 17 de Octubre
13/12/2012
Doña Aida