Cada actitud, cada gesto cuenta para el combate a la pobreza extrema y la exclusión. Hay varias formas de actuar, independientemente de nuestras capacidades y disponibilidad. Estos mensajes, estos testimonios son la expresión de estas experiencias. Siéntase libre de contribuir.

Los testimonios se publican bajo la responsabilidad del autor. Están sujetos a la validación, que se publicará sólo si cumplen con la forma y el fondo del espíritu de este día, tal como se define en la Carta Internacional del 17 de Octubre.

 

Testimonios
International

Mensaje de Isabelle Pypaert Perrin, delegada general de ATD Cuarto Mundo, 17 de octubre 2020

Mensaje de Isabelle Pypaert Perrin, delegada general de ATD Cuarto Mundo para el Día Internacional de la Erradicación de la Miseria, 17 de Octubre 2020

En su aldea alejada de todo, en América Central, a Diego le entusiasmaban los libros que cada semana llevan los animadores hasta esas colinas sin vegetación. Demasiado alejada del centro de salud más cercano, la enfermedad acaba de llevárselo.

En Europa, retiraron su bebé a Lucile, pocas semanas después de nacer. La propia Lucile pasó toda su infancia en un centro. En todo el mundo se destrozan a muchas familias al juzgar que no son capaces de hacerse cargo de sus hijos.

También en Europa, durante años fueron expulsando a las familias de Jean y Hugo y las mandaron de un sitio a otro y, cuando por fin encontraron un lugar donde instalarse sin que los expulsaran, resultó ser el terreno más contaminado de la región. Jean y Hugo tienen hoy niveles demasiado elevados de plomo en sangre.

Y en África, en plena pandemia, Djuma, de 11 años, dice:

«Es el peor momento de mi vida. Ya no nos queda nada. Tenemos hambre. Mis padres no pueden salir de casa porque les pondrían una multa y no podemos pagarla. Por eso, soy yo quien sale a buscar algo de comer».

Todas estas niñas y niños privados de lo fundamental, cuyas familias no tienen ni una vivienda digna, ni con qué alimentarse hoy; que no tienen acceso al agua potable o a la atención básica de salud. Todas estas niñas y niños que la escuela perdió y aquellos que arriesgan sus vidas con sus padres en el mar sin saber si llegarán con vida a algún lugar. Todas estas niñas y niños apartados de sus familias, privados incluso del certificado de nacimiento que les permitiría tener derecho a existir en este mundo.

Si aún hoy tantas niñas, niños y sus familias viven estas injusticias, ¿no será porque nunca nos hemos tomado en serio el desastre permanente de la extrema pobreza? Y sin embargo, la extrema pobreza causa tantas o más muertes que todas las guerras y epidemias.

Desde siempre, todas las crisis que han asolado el mundo han afectado gravemente a quienes no tienen nada. Cada desafío que el mundo intenta superar sin ellas las excluye un poco más.

¿Qué esperamos para ir al encuentro de las personas más pobres y crear juntos el mundo futuro que ambicionamos?

  • Tienen experiencia sobre cómo enfrentarse a la violencia, al cambio climático, las inundaciones, la sequía, los suelos contaminados o el aire irrespirable. Mucho antes que nosotros, ya reciclaban los desechos, a menudo arriesgando sus vidas. Mucho antes de que se hablara de la crisis ecológica mundial ya alertaron de los daños medioambientales, ellos, que viven y mueren donde nadie quiere vivir.
  • Ellos también piensan en el futuro. Luchan a diario por construir el futuro y quieren que sus hijas e hijos crezcan con conciencia de los demás, de la solidaridad y del bien común.

Estos días, por culpa de la epidemia, cientos de millones de niños y niñas no volvieron a la escuela. Entre ellos, varios millones se sumarán a aquellos de quienes ya no se esperaba nada en la escuela antes de la crisis.

¿Aceptaremos que el mundo se prive de todas estas inteligencias como ha ignorado siempre hasta ahora la inteligencia de aquellos que resisten día a día la pobreza? ¿No es precisamente en esos niños, niñas, jóvenes y adultos que olvidamos donde se encuentra gran parte de la inteligencia y el corazón necesarios para inventar el futuro?

Quienes viven las circunstancias más difíciles nos enseñan que no podemos separar la justicia social y medioambiental, ya que hay una única justicia, una sola justicia que se inspira en primer lugar en las personas y familias que no la tienen y se enfrentan a lo imposible, juntas, día tras día, en los lugares más degradados de nuestro planeta.

Y porque a partir de hoy, en todas partes, nos uniremos a ellas en nuestras instituciones, nuestros barrios, nuestros pueblos, el futuro ofrecerá a cada ser humano una tierra en la que se respete la igual dignidad de todas las personas.

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17/10/2020
Isabelle Pypaert Perrin
International

CREAR CAMINOS DE VIDA

17 de octubre de 2020 Día internacional para la erradicación de la pobreza Mensaje elaborado por miembros de ATD Cuarto Mundo América Latina y el Caribe

CREAR CAMINOS DE VIDA

La injusticia es una sola.

Hoy quisiéramos hablar de justicia, pero lo que experimentamos es la injusticia en sus diferentes formas. La injusticia de un planeta maltratado en nombre de un desarrollo económico que no está a favor de la vida. La injusticia de no tener los recursos necesarios para sostenernos, de vivir bajo la contaminación o en lugares peligrosos para la vida humana, de ser privados del acceso a la tierra y a los alimentos, de consumir productos ultraprocesados y poco nutritivos que envenenan nuestros cuerpos y el planeta, de no poder crear nuestros hogares. La injusticia de tener que aceptar las peores condiciones de trabajo, de no ser tratados como seres humanos, de no poder ver crecer a nuestros hijos. La injusticia de no tener acceso a los sistemas de educación y de salud, de no alcanzar las oportunidades, de estar relegados. Y sobre todo, la injusticia de no poder participar en las decisiones que afectan a nuestra vida y la del planeta, de que nuestros saberes y nuestras acciones no sean reconocidos, de no ser tomados en cuenta. Nuestra experiencia nos enseña que la injusticia es integral, no hay un límite entre lo social y lo medioambiental. La injusticia es una sola: sufre el planeta y sufren los seres humanos.

La vida ha sido olvidada.

No podemos hablar de justicia, pero podemos hablar de vida. La vida en su sentido más profundo, la vida que sigue palpitando a pesar de las condiciones de injusticia. Nuestros ancestros nos enseñan que la vida es una sola. Todo está conectado: los seres humanos y los otros animales, las plantas y los árboles, el agua, el aire, las montañas. En todo esto puede verse la vida en abundancia. Somos hijas e hijos de la Pachamama, nuestra Madre Tierra, nuestra casa y destino común. Todos queremos la vida en plenitud y la buscamos con todas nuestras fuerzas, pero ¿qué hemos puesto en el centro de nuestras sociedades?Algunos dicen que el crecimiento económico y la modernidad van a producir bienestar para todos, quieren hacernos creer que la Pachamama no es capaz de sostener a sus hijos, que son las industrias y los bancos los que nos van a salvar. Pero el crecimiento económico beneficia solo a unos pocos y la modernidad no trae vidas mejores para muchos de nosotros ni para el planeta. Allí mismo donde se toman las tierras para explotarlas a través de las minas o los centros petroleros, las personas continúan sufriendo a causa de la desnutrición y el agotamiento. Es este sistema, la economía no es un medio a favor de la vida, sino un fin en sí mismo: los recursos naturales y territorios sagrados, nuestras vidas y las de los animales son sólo material de consumo para la producción a favor de unos pocos. Parece que todo sacrificio vale para salvar la economía: lo que no sirve, lo botamos. Los pobres han sido olvidados, los ancianos han sido olvidados, los campesinos han sido olvidados, los pueblos indígenas han sido olvidados, los saberes comunitarios y ancestrales han sido olvidados, los animales han sido olvidados, nuestra Madre Tierra ha sido olvidada. Vemos que la vida misma ha sido olvidada: la vida en su esencia.

Crear caminos de vida.

Quienes son víctimas de la injusticia en sus diferentes formas, luchan no solo para sobrevivir sino creando caminos de vida. Cuando salimos a trabajar en condiciones muy difíciles, no lo hacemos porque podremos acumular o desarrollar la economía, sino porque elegimos buscar vida a pesar de todo. Cuando hacemos una olla común para resistir al hambre en los barrios periféricos, cada uno aportamos algo para favorecer la vida que compartimos entre todos. Cuando ofrecemos leche o verduras de nuestros cultivos a un vecino, lo hacemos porque sabemos que vivimos bien cuando compartimos. Cuando preparamos nuestras ofrendas a la Madre Tierra, estamos cuidándola como ella nos cuida, agradeciendo y contribuyendo a la abundancia de la vida. Cuando enseñamos a nuestros hijos a cuidar y a compartir, estamos abriendo caminos de vida también para las generaciones futuras. Salimos adelante compartiendo. Pero vemos que a menudo da el que menos tiene, que no todos saben dar. Debemos aprender a compartir. Compartiendo ponemos la vida en el centro: no la vida de unos o de otros, sino la vida en su conjunto. Queremos que nuestra experiencia y conocimiento sea reconocido, entrar en un nuevo diálogo con quienes toman decisiones y se encargan de las políticas, que se atrevan a escuchar, conocer y ver la realidad que vivimos. Aprendan con nosotros: volvamos a poner la vida en el centro de todo. Compartiendo, construyamos juntos los caminos del verdadero buen vivir.

14/10/2020
miembros de ATD Cuarto Mundo América Latina y el Caribe
Guatemala

Estrategias de la sociedad china para abolir la pobreza

Siempre nos cuestionamos ¿Cómo terminar con la pobreza? ¿Por qué han fallado tantos proyectos en el intento de erradicarla? ¿Quién o quiénes deben hacerlo? Este flagelo humanitario está presente en los cinco continentes de nuestro planeta. Tanto en sociedades milenarias como en sociedades más recientes.

Hay proyectos de organismos e instituciones internacionales y nacionales, así como de diferentes gobiernos, que desde hace varias décadas se han diseñado para erradicar la pobreza, pero ha sido en vano. La deuda histórica del Estado con un alto porcentaje de nuestra sociedad empobrecida es evidente, y a lo mejor hay dimensiones a considerar, que no hemos tomado en cuenta.

Dentro de las tres estrategias de la sociedad china, llama la atención el vínculo o relación entre donantes y beneficiarios o entre donante y pobre. Sobre ello, el señor Chen da algunas pistas

a considerar:

« 1En Pekín, M. Chen Yueguang, vicepresidente de la Fundación por el desarrollo de la juventud china, nos recibió en el gran edificio de su Fundación en Pekín junto con Yang Peidan, responsable adjunta de las acciones en el extranjero. Cuando le preguntamos ¿cómo ve la situación actual del mundo y respecto a su propio país? nos dijo: ‘En cuanto a la lucha contra la pobreza, China es el país más poblado del mundo y por tanto tiene un gran número de pobres. Los esfuerzos realizados desde hace 25 años han tenido un resultado considerable. Por supuesto todavía hay problemas. De los esfuerzos que China ha hecho, ¿qué podría ser revelador para el mundo? Tres cosas:

• El Estado: se necesita un compromiso de parte del gobierno. La primera responsabilidad del

Estado es la lucha contra la pobreza. Desde hace 3 años el gobierno ha suprimido los impuestos

agrícolas que subsistían desde hace 2000 años. Existe una política social que se establece poco a

poco.

• Transformar el asistencialismo en desarrollo. El asistencialismo es dar materiales y dinero. Entonces, ¿qué es el desarrollo? Esto se da a través de una política que crea condiciones que

permiten a los pobres tener medios para ganarse la vida. La forma tradicional es dar dinero. El

desarrollo es dar una oveja para hacer posible su trasquilado y que luego una gran empresa nacional venga a comprar la lana. Crear esa riqueza para tener una retribución, para convertirse en alguien que contribuye a la sociedad en vez de ser asistido.

• La última cosa es crear vínculos entre los donantes y los beneficiarios, entre pobres y donantes. Un donante de la ciudad hace una donación de material escolar para los niños del área rural. Los donantes llevan a sus hijos al campo para que encuentren a esos otros niños. Animamos a los niños a mantenerse en contacto entre ellos. La gente de la ciudad invita a los del campo a pasar algunos días en su casa. Desde hace 20 ó 30 años buscamos luchar contra la pobreza a partir de esos tres puntos ».

El señor Chen resalta la importancia del encuentro entre personas que viven diferentes realidades, para dar la oportunidad de que se conozcan entre ellas, haciendo un intercambio entre la realidad rural y la realidad urbana, sobre todo iniciando por los niños y niñas. Es importante crear fuentes de trabajo para que todas las personas estén en la capacidad de retribuir y ser retribuidas.

Por: Rosa Pérez Borja Comité 17 de octubre

1Extracto de las noticias de la Delegación General ATD

Cuarto Mundo.

Impacto de la COVID-19 en la pobreza
13/10/2020
Rosa Pérez
International

Mensaje de Isabelle Pypaert Perrin para el 17 de Octubre 2019

Mensaje de Isabelle Pypaert Perrin, Delegada general del Movimiento internacional ATD Cuarto Mundo, para el Dia Mundial para la Erradicacion de la Extrema Pobreza, el 17 de octubre 2019

«En mi cabeza no hay sueños: los demás no nos quieren».

Anastasia dice en voz alta lo que tantos niños piensan en silencio. Todas estas niñas y niños que nadie espera en ningún lugar. Niñas y niños a quienes se reprocha constantemente que hacen ruido, que están distraídos, que no se saben la lección. A quienes nunca decimos: «¡Muy bien!», incluso cuando se saben el poema.

A quienes insultan desde el otro lado de la calle, que aprietan los puños cuando atacan a su familia o hablan mal de su madre o de su padre.

Estos niños y niñas que viven en un asentamiento informal, expulsados de un sitio a otro, que no pueden ir a la escuela con normalidad.

Estos que, junto a sus familias o solos, tienen que huir de sus países sin saber si serán recibidos en algún lugar.

A los niños y niñas que viven en situación de extrema pobreza les gusta, como a todos, reír jugar y estar con los demás. Pero en el fondo de su corazón tienen la certeza de que si el mundo pudiera comprender mejor a sus padres, como ellos mismos los entienden, entonces, se crearía un espacio para sus familias y la vida cambiaría.

Desde pequeños sienten que la vida de los suyos es demasiado difícil e intentan cargar con lo que pueden: «Yo quiero trabajar para ayudar a pagar el alquiler», dice Kevin, diez años.

Conocen perfectamente la lucha de sus familias.

Como esta madre que gana algunas monedas vendiendo botellas de plástico y que con su familia vive en una vivienda carente de un auténtico tejado. Cuando llueve, todo se moja. Pero lo que más le preocupa entonces es proteger las mochilas con los libros de la escuela.

Desde pequeños han aprendido a callarse para proteger a sus familias de las miradas de reojo y de las preguntas molestas, por miedo a que les separen.

Fatimata, cuyos padres ciegos luchaban para ganarse la vida, un día nos dijo:

«Muchas veces no teníamos nada que comer. Pero a pesar de todo, íbamos a la escuela. Llenábamos nuestros estómagos con la valentía de nuestros padres. De lo contrario, nunca hubiéramos podido aprender».

Los niños ven claramente el agotamiento de sus madres y de sus padres. Saben que ninguna persona, estando sola, puede resolver tantos problemas: «¡A quiénes hay que apoyar es a nuestros padres!», afirma Alma.

¿La aplicación efectiva de los derechos de la infancia no requiere, en primer lugar, tomar en serio lo que tienen en el corazón?

Todos los niños saben bien que nadie puede vivir solo, sin amigos, sin nadie que te respete. Algunos intentan actuar, como las niñas y niños Tapori de una gran ciudad que sufre desde hace años la guerra. Han asumido como misión ser «los amigos de quienes no tienen amigos». Han decidido visitar a otras niñas y niños de su edad, antiguos niños-soldado a quienes todos temen. Han invitado a los niños y niñas refugiados de un país vecino que saben que sufren la soledad y el maltrato. Dicen: «Un niño no es más que un niño, ¿por qué a algunos los dejamos de lado?».

En otras partes los niños y niñas viven en los cruces de caminos, cerca de los mercados, en las esquinas de las calles. Dejaron atrás sus pueblos, donde la tierra reseca no puede alimentar a todas las personas. Aun cuando sufren todo tipo de privaciones y violencias, cuidan unos de otros, protegen a los más pequeños, se ayudan mutuamente, y nos piden libros...

La aplicación efectiva de los derechos de la infancia; ¿no implica atreverse a seguir a los niños y niñas hacia el mundo futuro que ambicionan, un mundo ya en creación a partir de sus gestos cotidianos?

En la Biblioteca de Calle, Eva está concentrada en su dibujo. Deja lo que hace al escuchar las sirenas de la policía, la mirada seria. Hay tantos padres del barrio en prisión. Y después, se concentra de nuevo, y cuando lo termina, estalla de alegría y corre a mostrárselo a todo el mundo, arrastrando a los demás con su risa.

«Me gustaría ser una luz», dice Ángelo, que repite su primer año de primaria, «porque la luz brilla, es bonita, se ve. Me gustaría ser una luz, porque así, mi cabeza serviría [para algo]!».

La aplicación efectiva de los derechos de la infancia, ¿no debería consistir en permitir a cada niña, a cada niño «brillar» para el mundo?

Hoy, cada vez más niñas, niños y jóvenes nos cuestionan manifestándose en todo el mundo para poner freno a la destrucción de la vida. Reclaman con urgencia actos que puedan limitar la desbocada crisis climática para que la vida sobre el planeta siga siendo posible.

¿No es entonces urgente que puedan establecer lazos con niñas y niños y familias que desde siempre buscan cómo hacer posible la vida luchando contra la extrema pobreza? ¿Qué vamos a hacer nosotros para ayudarles?

¿Podrán apoyarse en nuestra capacidad de unión, en nuestra capacidad para compartir nuestras experiencias, energías y conocimientos prácticos y lograr avanzar tanto en el respeto de la naturaleza como de todos los seres humanos, todos sin excepción?

La aplicación efectiva de los derechos de la infancia, ¿no tendría que ser tomar en serio a todas las niñas, a todos los niños? Los niños y niñas que toman la palabra y se manifiestan y aquellos que silencian sus sueños y todo lo que soportan?

¡Salgamos a su encuentro para inventar juntos una vida nueva para todos!

18/10/2019
Isabelle Pypaert Perrin
International

2017 - La Justicia y el amor por fin reconciliados

Mensaje de Isabelle Pypaert Perrin, Delegada General del Movimiento Internacional ATD Cuarto Mundo

en el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, 17 de octubre de 2017

¿Qué sentido tiene la vida si, cerca de nosotros, otros mueren en la indiferencia? ¿Qué sentido tiene la vida si hay niñas y niños que no se permiten soñar, llegando incluso a decir: “No tengo sueños, no sirve para nada, sé que nunca se van a cumplir”?. ¿Qué sentido tiene la vida cuando hay madres que tienen que preguntarse: “Si, como ellos quieren, entrego a los servicios sociales el niño del que estoy embarazada, ¿me dejarán al menos asegurar la felicidad del que está en edad escolar?. ¿O a este también se lo llevarán?”.

¿Qué sentido tiene la vida cuando se excluye a los jóvenes de nuestros programas sociales y educativos porque se tiene miedo de ellos, porque nadie espera nada bueno, ni de ellos, ni de sus familias?

¿Qué sentido tiene la vida, cuando quienes luchan por la justicia hablan en nombre de los pobres, sin tan siquiera encontrarlos?

Y qué sentido tenía la vida para Joseph Wresinski, ese niño nacido en situación de miseria que, cuando se hizo hombre, nos reunió el 17 de octubre, hace ahora exactamente 30 años, y que daba testimonio de “esos millones, de niños, mujeres y padres muertos por la miseria y el hambre”, de “esos pobres de todos los tiempos, y aún de hoy, huyendo por los caminos, fugitivos de un lugar a otro, despreciados y deshonrados”, de “esos millones de jóvenes que sin razón para creer o existir buscan en vano un porvenir en este mundo insensato”. ¿En qué dirección nos impulsó a actuar para que el mundo recobrara el sentido?

Este mundo, donde la búsqueda desenfrenada de seguridad por parte de quienes poseen refuerza la inseguridad de quienes carecen de todo.

Siguiendo sus pasos, miles de mujeres, de hombres, de jóvenes y de niñas y niños en el mundo entero, como nosotros hoy, han rechazado la culpabilidad, la fatalidad de la miseria y que se desperdicie su inteligencia. Se atreven a provocar el encuentro entre quienes no pertenecen a su mundo, ni habitualmente acuden a las mismas escuelas, ni han recibido la misma educación.

Encuentros de corazón, de manos, de inteligencias.

Encuentros considerados hasta entonces como algo imposible.

Que tienen lugar tanto en barrios donde se vive con miedo como en torres de marfil y lugares sobreprotegidos.

Entre quienes mueren de inutilidad y quienes tienen siempre demasiado trabajo.

Entre las personas más humildes y las personas que ocupan los más altos cargos de este mundo.

Encuentros para defender los derechos de quienes no tienen ningún lugar donde ir más que a lugares donde nadie querría tener que criar a sus hijas e hijos.

Al generar estos encuentros inesperados, descubren juntas el orgullo de poder reconocerse de una misma humanidad, de ser capaces de realizar insospechadas transformaciones portadoras de esperanza para conseguir un mundo liberado de la miseria. Siembran la esperanza de nuevos encuentros.

Responden así al cuestionamiento formulado por el padre Joseph Wresinski durante el encuentro de defensoras y defensores de los derechos humanos del 17 de octubre de 1987, e invitan aún hoy a cada uno de nosotros a responder a su pregunta: “Y ustedes, ¿serán los iniciadores de este nuevo camino

donde la justicia prevalecerá sobre el beneficio y la explotación,

la paz sobre la guerra,

donde la justicia y el amor, por fin, estén reconciliados?”.

Sí, es hora de atrevernos a continuar estos encuentros, el 17 de octubre y todos los días.

17/10/2017
Isabelle Pypaert Perrin - Delegada General del Movimiento Internacional ATD Cuarto Mundo