Cada actitud, cada gesto cuenta para el combate a la pobreza extrema y la exclusión. Hay varias formas de actuar, independientemente de nuestras capacidades y disponibilidad. Estos mensajes, estos testimonios son la expresión de estas experiencias. Siéntase libre de contribuir.

Los testimonios se publican bajo la responsabilidad del autor. Están sujetos a la validación, que se publicará sólo si cumplen con la forma y el fondo del espíritu de este día, tal como se define en la Carta Internacional del 17 de Octubre.

 

Testimonios
Guatemala

Testimonio de Lilian Guadalupe

Mi nombre es Lilian Guadalupe Torres García pero más me conocen como Lupe. Tengo 21 años y vengo de Escuintla.

El motivo por el cual estoy compartiendo esta mañana con todos ustedes es para hablar del tema de la educación y de lo difícil que puede ser obtenerla. Por ejemplo, para mi estudiar fue un sacrificio ya que trabajo y estudio a la vez para poder pagar mis gastos.

Desde que era pequeña, sufría de muchas enfermedades crónicas al nivel de los pulmones por eso repetí varios años de la primaria. Pero a lo largo del tiempo, mis enfermedades fueron contraladas. A los 13 años, continué con mis estudios pero a este momento, mi hermano falleció porque lo mataron. De eso caí en depresión por mucho tiempo y como me quedé muy débil, me dio neumonía y otras enfermedades. Cuando me recuperé un poco, quise volver a estudiar, tenía casi 19 años. Estaba buscando un lugar favorable para seguir estudiando pero es difícil encontrar la información; luego de buscar mucho me enteré del Instituto Particular Mixto de Educación Básica por madurez, es el único lugar que conozco en el cual no se paga mensualidad, solamente la inscripción y algunos gastos personales. Pero a causa de mis enfermedades, mi familia y yo no teníamos para la inscripción. Una organización me ayudó para conseguir la rebaja por la mitad de la inscripción. Para pagar eso, tuve que vender algunas cosas de valor que tenía. Fue así que empecé a estudiar mi básico.

Creo que tuve suerte de tener esta oportunidad porque yo no tenía los recursos para empezar. Así también, hay muchos jóvenes que no lo pueden hacer. Tengo una vecina que es de más escasos recursos que yo; está al punto de salir de sexto primaria y me preocupa que al igual que yo no pueda pagar la inscripción de Q300. Para algunos parece una cantidad que uno puede pagar, pero para otros eso es una cantidad muy alta.

Por ley, es un derecho tener una educación gratuita pero sabemos que eso no se cumple.

Es por eso que mirando nuestra realidad, en mi opinión si no se hace algo para hacer respetar la ley, las personas de más escasos recursos, como esta niña, no podrán seguir estudiando. Me preocupa que si ella no entra a estudiar seria una más de tantos jóvenes sin estudios o preparación en Guatemala. Quizá si no hay una solución a nivel de la ley, se les pudiera dar una rebaja o bien dar la oportunidad de pagar su inscripción por mensualidad.

Donde estoy estudiando, yo me puedo dar cuenta, como lo dije antes, que es el único lugar de mi ciudad donde no se paga mensualidades, ya no hay otros lugares así. Funciona por las mañanas de lunes a viernes para el Instituto Experimental y por las tardes como Mercadotecnia y los fines de semana por madurez, por lo mismo no hay más espacio. Cabemos casi 100 alumnos en cada salón. Tratamos de usar solo sillas para acomodarnos mejor.

Además del tema de la gratuidad de la educación, eso me cuestiona mucho sobre la calidad de la educación que podemos recibir. Por lo mismo, quiero hacer una sugerencia frente a todos ustedes que sería que se pueda abrir este tipo de institutos en toda Guatemala y en especial en Escuintla porque soy de allá. Eso para que todos los jóvenes, al igual que yo, puedan tener el derecho de seguir con sus estudios, pues es de esta manera como terminaremos con la falta de educación y la pobreza en Guatemala.

31/10/2013
Lilian Guadalupe Torres García
Guatemala

Testimonio de Loida

Me llamo Loida Bernarda Ramos Morales. Vivo en Escuintla y Tengo 19 años. Soy la quinta de ocho hermanos. Para sobrevivir ahora mi papá raja leña y la vende, porque a sus 54 años ya no le dan trabajo. Según lo que vende pasamos el día. Mi mamá va a buscar chatarra para luego ir a venderla. Rut mi hermana menor, de 14 años, quería seguir estudiando los básicos, pero como no hay dinero se puso a tortear. Me da cosa que mi hermana pequeña tenga que trabajar tan pronto y no pueda seguir sus estudios.

Como mi hermana Rut, uno de mis sueños era seguir la educación básica. Con muchos esfuerzos, mi mamá y mi papá pudieron inscribirme en el Instituto Nacional de Perito y Mercadotecnia en Publicidad del municipio de Escuintla, en su jornada vespertina, en primero básico. En ese tiempo mi papá perdió el trabajo y mi mamá necesitaba que alguien la apoyara quedándose en casa, mientras ella salía a trabajar para apoyar un poco más y obtener así un ingreso económico. Es así como renuncié al sueño de estudiar.

Me considero una persona amigable.

Cuando vamos a traer chatarrear, a buscar leña o a recoger purina (comida para los perros) que tiran cerca de donde vivo. Junto a otras personas de la comunidad, siento que la mente se me desaloja. Estar en el campo me gusta mucho. Es así como ayudo a mi papá y a mi mamá y cuando recibo el dinero “es alivio para la vida”. Muchas veces nos repartimos lo que juntamos.

Siempre les digo: hay que unirnos. No me gusta cuando se ponen a pelear. Me gusta estar con los jóvenes para apoyarlos. Algunos me dicen que quieren dejar el trabajo. Me gusta orientarlos, decirles que la vida no está para perder las pocas oportunidades que llegan. A veces se me salta la voz y los regaño para que no pierdan lo que yo no he podido ganar.

A los adultos los apoyo, orientándolos para que sigan adelante. No me gusta verlos desanimados.

Hace unos meses, uno de mis hermanos no pudo comprar la medicina, que urgentemente le pidieron en el hospital público, donde estaba internado su hijo de un año de edad, convulsionando en el intensivo, porque luego de trabajar una semana en una empresa, no le pagaron lo que le correspondía. Se vio impotente al no poder conseguir los Q. 200.00 que le pedían para comprar los tubos que mi sobrino necesitaba.

De igual manera, mi papá se vio humillado al no recibir la paga que le correspondía; pues en el lugar donde trabajaba se perdieron algunas herramientas y para reponerlas, le quitaron el pago de una semana. “Esto no es justo”. Mi hermano y mi papá merecen el pago de su trabajo.

Contar algo de mi vida es parte del mensaje que traigo para este día. Es una realidad que viven muchas familias en Escuintla, pero también en todo el país. Esta realidad nos pone día a día a luchar, a hacer cosas para sobrevivir. Muchos jóvenes queremos trabajar para ayudar a nuestra familia, pero sin estudio no hay trabajo. Por eso queremos que se cumplan nuestros derechos.

30/10/2013
Loida Bernarda Ramos Morales