Ya actúan para cambiar su situación y nos invitan a unirnos
Refuser la misère
Carta a Nuestros Amigos en el Mundo 105

Hace algunos días, en Puerto Príncipe, Mary-Love fue a inscribirse a la escuela primaria. Con 16 años prácticamente nunca ha ido a la escuela. Durante todos estos años, con su madre, ha asumido el peso y la responsabilidad de su familia, gravemente afectada por el desamparo y la violencia de las bandas armadas en su barrio. En la oficina de inscripciones, Mary-Love tuvo que defenderse. ¡Dudaban de su motivación! Esta joven tenaz me recuerda a Nathalie, una joven madre de 17 años que vive en Francia. Cuando hospitalizaron a una de sus hijas, ella permaneció a su lado. Las enfermeras decían: « Es muy joven para ser madre de dos niñas. Lo hemos señalado a los servicios sociales. Pero se ocupa muy bien de su hija. Su presencia la tranquiliza mucho y el padre viene todas las tardes con el bebé.» El padre de las niñas tiene 19 años. Toda su escolaridad la ha pasado en aulas de enseñanza especializada. No lee ni escribe bien, no lo suficiente para poder rellenar los formularios del hospital. Así que lo hace Nathalie, que era buena en la escuela. Su compañero está orgulloso de ella. También fue ella la que se ocupó de sus hermanos y hermanas pequeñas hasta que los llevaron a vivir a una institución. Le hubiera gustado seguir cuidando de ellos pero su petición se rechazó porque era demasiado joven.

¿De dónde sacan — todas estas mujeres tan valientes y dinámicas, a pesar vivir su infancia y adolescencia en condiciones de miseria, a pesar de comenzar demasiado pronto y sin seguridades su vida como personas adultas, a pesar de un futuro que parece siempre complicado — la libertad para asumir sus responsabilidades a pesar de la mirada que desde un principio se cierne sobre ellas?

En esta Carta a nuestros Amigos en el Mundo, varios artículos presentan la contribución de mujeres que actúan, toman la iniciativa y provocan cambios en su sociedad y su entorno, aunque vivan y afronten grandes dificultades en su vida diaria. Junto a ellas, otras personas adultas, niños, niñas y jóvenes, nos hablan también de su contribución creativa y valiente, del trabajo y las actividades que llevan a cabo.

¿Somos capaces de dejarnos cuestionar por estas personas que ponen toda su energía en el intento por mantenerse en familia, con sus seres queridos, superando la miseria que les oprime? En estos niños y niñas, en estos jóvenes y adultos, reside gran parte de la inteligencia y el corazón que necesitamos para crear el futuro. Si les dejamos solos, todas sus iniciativas no podrán inducir todos los cambios profundos que sus luchas deberían provocar. Nos invitan a unirnos, a seguir sus pasos para que nuestra capacidad de actuar refuerce la suya y que por fin ¡el mundo cambie!

Isabelle Pypaert Perrin,
Delegada General, Movimiento Internacional ATD Cuarto Mundo

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