Una biblioteca con las puertas abiertas al mundo
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Carta a Nuestros Amigos en el Mundo 81

La biblioteca del Centro Comunitario Thoreau es la única biblioteca pública en un radio de 50km de la Agencia del Este Navajo. Poco a poco, se ha vuelto un excelente complemento a la Biblioteca itinerante de la Biblioteca del Estado, que se para en la zona una vez al mes.

“Una biblioteca no es un lujo sino una de las necesidades de la vida.” - Henry Ward Beecher .

Una escena de un documental me viene claramente a la mente como un momento de humanidad fundamental y universal que le deja a uno sin voz. Un periodista, viajando por los Estados-Unidos, cruza la nación Navajo. Se encuentra con una madre joven que vive con su familia en una zona aislada, sin electricidad ni agua potable, sin empleo y sin posibilidad de cambiar su situación. Él le pregunta: “¿Qué es lo que más necesita su comunidad?” La mujer joven, digna, fatigada, sabiendo lo que habla, responde con un suspiro: “una biblioteca.”

Eso es exactamente lo que el Centro Comunitario ofrece hoy para “suscitar la esperanza, la alegría y el progreso’’ en una región marcada por el suicidio de los jóvenes. Lo hace todos los días gracias a clases de informática, clases de flauta tradicional, acceso gratuito al internet, así como con el programa para los jóvenes “después de la escuela”, esto es para simplemente citar algunos. Y ¿qué mejor manera de suscitar esperanza, alegría y progreso que la libre circulación de conocimientos, ideas y experiencia como la que los libros pueden aportar? A penas tres meses antes, los jóvenes podían hojear unos treinta libros, hoy pueden escoger entre 3.000 títulos con los que pueden evadirse, viajar, preguntar, sentir, aprender e inspirarse.

La biblioteca se creó como una “sopa de piedritas”moderna. Se organizaron colectas de libros por todo el Estado. Decenas de personas, bibliotecas, tiendas de venta de ropa de ocasión e instituciones donaron libros. Se donaron estanterías y madera para la construcción. Se cocieron cojines para crear un lugar cómodo para sentarse. Voluntarios seleccionaron, repararon y le pusieron etiquetas a los libros. Bibliotecarios de la región han brindado un apoyo valioso. Los residentes contribuyeron con sus vehículos y su gasolina para colectar los donativos.

Tal abnegación, tales esfuerzos por parte de tanta gente podrían parecer excesivos si consideramos que una biblioteca es un “lujo’’; pero si se crea una biblioteca como “una de las necesidades de la vida”, entonces esa iniciativa toma un sentido nuevo. Es como un esfuerzo colectivo ambicioso para aportarle a una comunidad sin muchos recursos – y en particular a su juventud una puerta abierta a múltiples formas de conocimiento y de riqueza que el mundo tiene para ofrecer.

KAREN S., ESTADOS UNIDOS