Todos somos seres humanos
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Shandra es miembro de la Asociación Beïtouna, un Centro de actividades creado por iniciativa de algunas personas de un barrio al Norte de Beirut. En este artículo comparte su experiencia sobre la forma en que ella logra construir la paz a su alrededor.

He vivido muchas situaciones difíciles. Por ejemplo, en un país donde trabajaba, no me llamaban por mi nombre, me decían “sirvienta” o “criada”, no me miraban como a un ser humano; pero yo siempre contestaba con palabras amables. Por todo lo que he sufrido, soy sensible al sufrimiento de los demás.

Un día, en una casa a lado de mi lugar de trabajo, vi a una joven srilankesa que en pleno invierno dormía afuera, en el balcón de la casa donde trabajaba como doméstica. Le pregunté por qué, a la señora de la casa donde yo trabajaba y me contestó que la dueña de esa casa era una mujer mala, que nadie la quería y que yo no debía ir ahí. Después de muchos problemas y obstáculos, conseguí entrar a la casa de esa señora y entonces descubrí que la muchacha dormía en el balcón porque le habían hecho unos análisis de laboratorio y, mientras esperaban los resultados, la mujer la había puesto en la terraza.

Entonces me llevé a la muchacha y le dejé a la señora mi pasaporte y mi permiso de residencia. Durante tres días le enseñé a la muchacha algunas palabras de árabe, la maquillé, la peiné y la acompañé al hospital a buscar los resultados de los análisis.

Luego la llevé de regreso a la casa de su patrona, quien quiso darme dinero, pero le dije que para mí las personas son más importantes que el dinero. Se avergonzó y desde entonces fue amable con la joven, y nos volvimos amigas.

En el Centro “Beïtouna” no distinguimos entre religiones ni nacionalidades, sino que convivimos por la paz. Aquí creemos que si yo me acerco al otro, si voy hacia él o ella, comprenderá que puede acercarse a mí… Debemos transmitir la paz, unirnos y apagar el fuego de la violencia.
 

Shandra K. - Líbano
 

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