Testimonios a compartir...
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Dra Celia P.V., médico en el hospital de su pequeña ciudad, en Uruguay, nos dice como ha podido entrar en contacto con unos niños de un medio socio-económico muy desfavorecido. En el testimonio siguiente describe como inició su compromiso con esos niños, y poco a poco, sentimos crecer la esperanza.

«Estos niños son en su mayoría niños de la calle, la mayoría de ellos no va a la escuela. Tienen  en ellos algo de triste porque se sienten rechazados. Son niños que se ven sin mañana. Yo creo que a ellos lo que más les afecta es que, peor que no tener el manana, no tienen hoy, no tienen presente. La idea de esto que hemos comenzado es hacer sentir al niño digno de ser persona y la propuesta es ofrecerle un espacio de encuentro.

Nos reunimos cada sábado por la tarde en una habitación en desuso del hospital que estamos acondicionando. Ahí lustramos zapatos, y salimos a rastrillar y barrer patios. Cada trabajo tiene su
precio y cada semana lo cobrado se divide entre los niños y se deja un porcentaje para fondo del grupo: material, merienda, paseo.

El espacio de encuentro les ofrece varias posibilidades. Por ejemplo, el trabajo y la merienda compartida y también la posibilidad de abrir puertas entre ellos y las otras personas de la comunidad que solicitan sus servicios y a quienes previamente se les pide que mantengan algun tipo de conversación con los niños para que se sepan aceptados.

¿Cómo iniciaron esas reuniones?
Conocía a cuatro de esos niños y cuando les encontré en la calle, a cada uno de ellos les dije : «Tengo trabajo, ¿te interesa?» Al principio no me contestaron, pero un día uno de entre ellos me
dijo: «¿Y qué, es para cuando?» Entonces comprendí que podía ir más lejos y le dije : «El sábado a las tres de la tarde en el hospital» y añadí «habrá otros niños». Cuando me preguntó «¿quién?» yo le dije fulano, mengano... y cuando les nombré me dijo : «¿Has invitado a los más pobres?». Le contesté : «No sé si son los más pobres, puede ser. Les invito para que sean mis amigos así como tú».

¿Cómo se pasan las reuniones?
A la primera, vinieron los cuatro niños que había invitado. A la segunda, había cuatro‘ otros niños
invitados por los primeros.
En la primera reunión solamente hemos lustrado zapatos. Teníamos dos pares de zapatos, un zapato para cada niño. En eso hemos pasado toda la tarde porque ellos no sabían cómo hacer. Por ejemplo no tenían noción de como manejar el cepillo. Había que repetirles las cosas muchas veces, a veces hablaban todos juntos, otras veces se quedaban todos callados.
Actualmente estamos más organizados, siempre empezamos por la lustrada de los zapatos, después salimos para los trabajos que nos han pedido en los jardines y los patios.
Cuando empezamos con la lustrada se nombra un encargado del material. Ese material se compone de cepillos de diente viejos para pasar la gomada en los zapatos. Después, la primera lustrada se hace con unas pelotas que hemos hecho de nylon. La última lustrada se hace con cepillo.

No tenemos cepillos para todos, además no es necesario tener todo el material de primera para hacer el trabajo sino que se puede también tener un poco de creatividad e ingenio. Lo que importa es que el trabajo salga bien hecho.
Como no saben los números, cuando llegamos a la reunión, nos contamos en voz alta cuantos somos. Contamos las herramientas para que se acostumbren con los números. Después de limpiarlas las contamos de nuevo antes de devolverlas en su sitio. Ahora cada niño a su turno es responsable del material y del dinero cobrado. Así que, de carga en carga, de reunión en reunión, saben como estamos organizados y nada les escapa. Si uno quiere sobrepasar sus derechos, los demás le dicen «cada uno a su turno».

Crear juntos un espacio de encuentro
Había convenido con Magdalena, la dentista, que cada sábado, ella nos daría zapatos para lustrar y que pasaría un momento con nosotros. El otro día vino con su hijo Garlitos que tiene diez años. Poco a poco los niños dejaron su trabajo y vinieron hablarle y algunos salieron a jugar con el. Me parece que es también una manera de darles «un espacio de encuentro».
Poco a poco los niños se sienten responsables y depositarios de la confianza de los demás. Así son ellos que eligen a quién le toca ir al patio de María. Es una señora que les dió la barrida de su patio en forma fija. Todos los sábados tienen que ir a sacar la basura y a barrer el patio. María ha entendido muy bien lo que se pretende con esos niños.“

Cuando hacen una oración de grupo dicen «Padre nuestro aquí estoy yo...» y se van nombrando cada uno. La finalidad de esa oración es para reforzar su personalidad para que ellos tengan la oportunidad de decir quienes son delante del grupo que les está escuchando. Les he pedido que se nombren en voz alta, pues antes lo hacían siempre en voz muy baja como si tuviesen miedo de nombrarse ellos mismos. Ahora gritan su nombre. Un día, sin duda alguna, se nombrarán con voz normal. Algunos de entre ellos tienen un gran conflicto de identidad pues les dan diferentes nombres o apodos, Por eso intento asegurarles en su propia identidad.

El interés de los niños para aprender
Nos hemos encontrado con el problema de la puntualidad para las reuniones porque ellos no conocían ni la hora ni los días de la semana. Al principio era catastrófico. Ahora para ellos la
semana gira alrededor del sábado, día de la reunión que conocen perfectamente. En cuanto a la hora, al principio llegaban a cualquier hora. La reunión es a las tres de la tarde, un día llegaron a las cuatro, todos a las cuatro. Entonces le dije a uno «Fulano, por favor vas a tal lado pregunta qué hora es»; porque yo no tengo reloj. Cuando volvió el niño dijo: «Dicen que son las cuatro». Yo les dije:
«Bueno, la reunión es a las tres. Se dan cuenta que si son las cuatro, hace una hora que teníamos que haber empezado y a mí me parece que si vamos a tener tan poca palabra nadie nos dará más trabajo, porque a la gente les gusta que cuando una persona le hace un trabajo, se lo cumpla...» Y desde ese día, yo no sé como hicieron, pero resulta que cuando llego cada sábado, ellos ya están. incluso vienen a casa a buscarme antes de la hora.
Lo que es también más positivo es como se desarrollan ahora las reuniones. Aquellos niños que al principio eran callados y no miraban, ahora actúan más libres, más seguros... El hecho que hayan cantado, bailado, que son formas de expresión, eso creo que es positivo.
Acá hay un centro de capacitación donde se enseñan oficios en forma gratuita. Me contó la profesora del centro que una de las chicas del grupo, Elina, se presentó al centro para aprender hilado de lana. Elina suele tener un aspecto físico bastante deficitario, pero ahora, ha cambiado: está más aseada. Ha ido ya a dos o tres clases del centro y se comporta muy correctamente. El interés que ha demostrado en aprender algo es muy positivo.

Se están entreabriendo algunas puertas. Es un logro.
Con los demás yo creo que esto es muy lento porque es difícil que los demás les abrán un espacio a ellos. Pero hemos logrado con algunas personas que cuando reciban los trabajos, hagan entrar los niños, traspasar el humbral de la casa, como niños «puerta adentro». Eso es fundamental, es importantísimo porque estos son niños «puerta afuera», es decir, se les da un pedazo de pan o la ropa vieja sin hacerlos entrar para que no piensen a robar lo que ven en las casas. El hecho que les hayan invitado a entrar en algunas casas, para mí, es un logro, es que están entreabriendo algunas puertas.
Una señora, maestra jubilada, ofreció sus servicios. Si algunos de esos niños este año quisieran ir a la escuela, ella se ofrece una vez por semana a ayudarlos con tareas extraescolares para que aprendan algo a leer, a escribir...»

Celia P.V. Uruguay
Carta 28 - 1993