Romper el círculo de la pobreza y la destrucción ambiental
dessin_nicaragua_0.jpg

La Fundación del Río, organización ambientalista con 23 años de trabajo en la Reserva de Biosfera Río San Juan, al sureste de Nicaragua, comprometida con las poblaciones más desfavorecidas, cree que un mundo justo, solidario y armonioso entre la humanidad y la naturaleza es posible.

Esta Reserva es una de las zonas más ricas en cuanto a recursos naturales, pero también donde reside una de las poblaciones más empobrecidas del país, con altos índices de analfabetismo, embarazo precoz y desnutrición infantil. La pobreza espiritual y económica es la principal herencia que se transmite de padres a hijos.

En esta zona hemos experimentado el establecimiento de monocultivos como el de la palma africana. Estas plantaciones, propiedades de grandes capitales extranjeros y/o nacionales, se establecieron comprando a bajos precios las fincas de los campesinos, aprovechando la pobreza y el poco arraigo hacia la tierra de una población eternamente migrante.

Con esta situación han surgido varios problemas, las familias que venden sus propiedades deben re-iniciar su vida en nuevas áreas cada vez más alejadas de la inversión pública que el estado garantiza: caminos, escuelas o centros de salud. Los que no migran se ven obligados a cambiar su cultura productiva, pasando de productores de alimentos a peones agrícolas que, en condiciones prácticamente de explotación, dependen de un salario que les proporciona la misma empresa.

Varios sectores de la población, con ayuda de la cooperación internacional, hemos trabajado para romper este círculo de pobreza y destrucción ambiental. Por ejemplo, los miembros de la Cooperativa de Productores de Cacao Familias Unidas de El Castillo (COOPROCAFUC R.L.), que se dedica a la siembra y comercialización de cacao orgánico, han podido tener un mercado estable que les genera ingresos todo el año.

Una de las claves del éxito es que son las mismas familias campesinas que con un adecuado apoyo se ponen al frente de sus iniciativas y que logran desarrollar la habilidad para enfrentar las dificultades.

En Centroamérica son muchas las comunidades campesinas o indígenas que están siendo desplazadas de sus comunidades por los monocultivos. Esto limita las opciones reales de que puedan salir de la pobreza y conservar su patrimonio natural. No podemos seguir pensando que el dinero lo es todo o que la naturaleza y las personas somos insumo para el gran capital. Transformar esta forma de pensamiento es dar el primer paso hacia un horizonte de justicia y equidad.

SAÚL O. Y TERESA M., NICARAGUA