Proyectos de lucha contra la miseria no adaptados
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Carta a Nuestros Amigos en el Mundo 82

La Sra. Nguyen H. es trabajadora social en una provincia del sur de Vietnam. Ella trabajó, con familias que vivían   cerca de un vertedero público, en un programa de desarrollo comunitario incluyendo la escolarización, la capacitación profesional y el realojamiento.

Ocurre que los servicios públicos y las organizaciones no-gubernamentales, presionados por los plazos y las exigencias de sus proveedores de fondos, ejecutan sus planes «de arriba hacia abajo». Lo mismo ocurre en nuestro programa para el realojamiento de personas que vivían cerca del vertedero público. Los medios de información locales muestran los buenos resultados visibles como la belleza de las casas ; lo que no mencionan, son todos los esfuerzos que las familias hacen para superar las dificultades.
 

Las setenta casas nuevas fueron construidas según el mismo modelo de 32 m2, sin jardín, adaptado a una pareja con dos o tres niños. Ahora bien la mayoría de las familias tienen en promedio siete niños y algunas alojan a los abuelos. Por razones de ahorro, las casas son contiguas cuatro por cuatro con un mismo sistema de ventilación: los ruidos se oyen de una casa a otra como si todo el mundo viviera en la misma pieza y se puede ingresar trepando por detrás. Es la razón por la cual las lindas casitas no brindan ni tranquilidad, ni intimidad, ni seguridad.

Cuando las familias se quejaron, se les contestó que no tenían derecho a pedir más, considerando el hecho de que sus casas eran muy baratas. Algunas de ellas comenzaron a lamentar el tiempo cuando vivían en el vertedero y hablaban de volver allí.

¿Por qué preferir sus viejas cabañas insalubres? La condición de acceso a una nueva vivienda era que dejaran  el trabajo en el vertedero. No habiendo encontrado ningún  otro medio de ganarse la vida, algunas familias volvían allí por la noche. Otras se pusieron a criar gallinas y patos en sus dormitorios y toda la familia duerme ahora en la sala.

La vida en un espacio muy apretado crea mucha tensión, incluso violencia, en las familias y entre vecinos. Antes, la gente no se disputaba tanto, se sentían de la misma familia, formaban una comunidad.

De esta experiencia desafortunada, nosotros tratamos de aprender para asociar a las familias a la concepción de nuevas casas: éstas no serán más contiguas y la superficie tendrá en cuenta el tamaño de las familias. Les propusimos a las familias participar en la construcción de las futuras casas y dar sus opiniones en cada etapa.

Sueño con esta toma de responsabilidad de la comunidad que reconstruirá la confianza y la paz. Deseo que nuestras acciones con las familias estén basadas en el amor, la confianza y la honestidad.
 

NGUYEN H., VIETNAM

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