Ocuparse de los demás cuando el futuro de uno mismo no está garantizado
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Geoffroy está comprometido con niños y familias en un pueblo cerca de Bangui, en enero del 2011 participó en el encuentro internacional de jóvenes “Juntos para los demás” en la República Centroafricana, en el marco del Año internacional de la juventud.

Este encuentro me permitió comprender el sentido de una aventura a la que me lancé hace ya muchos años, cuando aún no tenía ni idea de lo que buscaba ni de a dónde iba. Estaba terminando mis estudios profesionales y tenía que realizar una práctica para entrar en la vida activa; pero, como si hubiese recibido un llamado, cambié de opinión y decidí instalarme en el pueblo. Mis padres no entendían, y yo tampoco. Todavía era muy joven y no sabía lo que buscaba. Me quedé junto a los jóvenes, les ofrecí mi ayuda y compartí su vida. Mis padres me decían: “¿Ése es el trabajo que quieres? ¿Solamente estar al lado de esos jóvenes en un pueblo donde no hay nada?”.

Poco tiempo después, a través de un grupo de Caritas, ayudé a familias muy pobres en su vida cotidiana. Mi padre ya no venía a verme, él no me entendía; por mi parte, yo ahí me sentía como en una familia.

Después, durante tres años, en una asociación de la Madre Teresa hice trabajo de animación musical, danza y canto con niños huérfanos que tenían problemas psicológicos. A ellos les emocionaban mucho esas reuniones a las que yo no podía faltar; realmente, tenía que quedarme al lado de esos niños.

Sin embargo, me preguntaba: “Geoffroy, ¿qué estás buscando? Tal vez ya sea hora de que busques integrarte a la vida activa”. Pero dos o tres meses después, conocí a Joachim y a Elie, quienes me hablaron de ATD Cuarto Mundo… y yo, que pensaba “deshacerme” de ellos, ¡heme de nuevo aquí con niños: los niños Tapori!

Durante este encuentro “Juntos para los demás”, por fin he comprendido que esa aventura no fue en vano y que no estaba perdiendo el tiempo. Realmente encontré el coraje para seguir junto a esas familias que cuentan con el conocimiento y la fuerza necesarios para construir un mundo más solidario.

Esos huérfanos, antes rechazados, y que hoy llevan una vida activa, me dicen cuando me ven: “Buenos días, señor, gracias”. Sin embargo, aunque hay gente que eso cree, ¡yo no soy profesor! Gracias a la amistad y a la solidaridad que les dimos, hoy esos niños pueden llevar una vida activa y contribuir al desarrollo. Ahora, ellos a su vez construyen esa amistad y esa solidaridad, y eso para mí es muy emocionante.

GEOFFROY – REPÚBLICA CENTROAFRICANA