Nuestro compromiso: un elemento común
Refuser la misère
Carta a Nuestros Amigos en el Mundo 103

Desde hace años compartimos nuestros compromisos y formas de actuar por un mundo sin miseria: en este periodo de pandemia, necesitamos sentirnos cerca para compartir las preocupaciones que tenemos, pero, sobre todo, para intercambiar fuerzas, ideas y formas de presencia con las personas y comunidades que corren un mayor riesgo que las demás, por encontrarse ya en situación de extrema necesidad. Ante esta situación, podemos tener la impresión de que nuestra capacidad de actuar es insignificante.

Pensamos en las personas que pueden enfermar y que no cuentan con un sistema de atención sanitaria consolidado. Pensamos en todos los niños que tienen sed de aprender y cuyas escuelas están cerradas. Pensamos también en todas las personas para quienes la calle es su único medio de supervivencia, en aquellas que en este momento se encuentran lejos de sus familias: las personas encarceladas o menores en centros de acogida, y en sus familias que no pueden verlos, en quienes viven en el exilio y todavía no cuentan con ningún lugar que les reciba. En numerosas ciudades del mundo se han impuesto medidas de confinamiento. Todas las personas que sobreviven de sus ingresos diarios se han quedado sin medios de subsistencia. El miedo es que la crisis sanitaria pase a ser también una crisis del hambre. ¿Cómo ser capaces de no oponer las barreras necesarias para frenar la propagación del virus y las necesidades vitales, las necesidades de solidaridad?

Y sin embargo, ya antes muchas personas, familias y comunidades en todo el mundo han tenido que afrontar tantas crisis: epidemias, guerras, crisis de hambre y la crisis permanente de la extrema pobreza. Podemos aprender de todos nuestros amigos y amigas en todo el mundo que, desde Puerto Príncipe a Nueva Suyapa, de Bangui a Nueva Orleans, durante años han sabido crear nuevas formas de presencia mutua y gestos de solidaridad. La fuerza y experiencia de las personas y comunidades en extrema pobreza, de la que ustedes son testigos son la razón de nuestra esperanza.

Vemos ya como las personas se apoyan mutuamente, bloquean como pueden la propagación de la enfermedad y mantienen su cercanía con personas en situación de pobreza, para estar ahí en los momentos más difíciles. En especial, la juventud quiere ser protagonista y muestra su coraje y creatividad, como el equipo de jóvenes animadores que conocemos en Bangui y en República Centroafricana. Otros jóvenes, en Bukavu, República Democrática del Congo, buscan quienes, en su comunidad, están en situación de mayor dificultad y necesitan apoyo.

Lo que nos moviliza es no dejar a nadie atrás en esta emergencia, pero también reiterar desde ahora mismo la necesidad de asociar a las personas y familias en situación más grave de pobreza a la construcción del momento posterior a la crisis. El futuro necesita la inteligencia de todas las personas. Mantengámonos unidas y atentas.

Isabelle Pypaert-Perrin
Delegada general del Movimiento Internacional ATD Cuarto Mundo

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