Nota explicativa 17 de Octubre 2020
Refuser la misère

Tema — « Actuar juntos para lograr justicia social y
medioambiental para todas las personas »

Este año, el tema del día internacional aborda el desafío de lograr la justicia social y medioambiental para todas las personas. El creciente reconocimiento de la multidimensionalidad de la pobreza significa que ambos elementos están inseparablemente entrelazados, y que la justicia social no puede realizarse plenamente sin abordar simultáneamente y de manera drástica las injusticias medioambientales. Aunque se ha avanzado en la lucha contra la pobreza en el ámbito de los ingresos, se han tenido menos en consideración, en el marco de un enfoque más global, otras dimensiones importantes de la pobreza como el creciente impacto medioambiental.

A medida que se deteriora la situación del medio ambiente en el mundo, la falta de diligencia y de atención en cuanto a la reparación y limitación de los daños ocasionados a nuestro medio ambiente común arrastran a la humanidad hacia un mundo cada vez más contaminado y degradado. Continúa la sobreexplotación, la mala administración y la contaminación de recursos naturales vitales como la tierra, el agua dulce y los océanos. Esos daños y destrucción del medio ambiente afectan especialmente a los medios de vida, la seguridad alimentaria y la salud de las personas que viven en situación de pobreza.

La necesaria biodiversidad desaparece en razón de la deforestación y del cambio de prácticas de uso de la tierra y otras actividades humanas, mientras que el uso inadecuado de plaguicidas, metales pesados, plásticos y otras sustancias impulsan la aparición de estas en los alimentos, en proporciones alarmantes. Los residuos plásticos se han multiplicado, entre otros en el medio marino, y los microplásticos están presentes en los alimentos que comemos, en el agua que bebemos y en el aire que respiramos.

Cerca de 1,4 millones de personas muere cada año por enfermedades que podrían evitarse, como la diarrea y los parásitos intestinales, ocasionados por la falta de saneamiento y de acceso al agua potable. La contaminación del aire y la contaminación en las ciudades también representan una gran amenaza para la salud y matan a cerca de siete millones de personas en el mundo cada año —9 de cada 10 personas respiran aire con sustancias contaminantes. La mayor parte de las enfermedades, especialmente en los países en desarrollo, son consecuencia de la pobreza.

Nuestra incapacidad para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero debido a nuestra lamentable falta de voluntad política y de solidaridad mundial ha llevado a nuestro planeta hacia el peligroso camino de un cambio climático irreparable. Mientras las temperaturas y el nivel del mar aumentan al mismo ritmo y se ven alteradas la acidificación de los océanos y los ciclos de precipitaciones, las personas que viven en situación de pobreza son las primeras y más gravemente afectadas. Millones de personas podrían verse aún más hundidas en la pobreza a medida que el cambio climático y la degradación de las condiciones medioambientales dificultan que puedan lograr medios de vida decentes.

Por otra parte, nuestros ya bastantes débiles logros en materia de justicia social y medioambiental se han visto bruscamente interrumpidos por la devastadora pandemia de coronavirus que ya ha infectado a millones de personas y matado a cientos de miles. La pandemia no solo ha cambiado nuestra manera de interactuar, sino que también ha puesto de relieve las graves y persistentes desigualdades sociales y medioambientales que afligen a nuestras sociedades. Ha puesto al descubierto nuestros vacilantes e insuficientes esfuerzos colectivos para hacer frente a la extrema pobreza, a las desigualdades sociales, al cambio climático y la destrucción del medio ambiente.

Desde el inicio de la pandemia, resulta obvio que las personas más afortunadas han tenido más y mejores oportunidades y recursos para protegerse del virus en sus hogares, para observar las medidas de distanciamiento social, velar por la higiene indispensable y disfrutar del acceso a una atención médica adecuada. También se las ha protegido de los peores efectos del estancamiento económico gracias a los servicios de seguridad social, a las prestaciones de desempleo, pero también a las ayudas, a los programas de recuperación económica y a los préstamos del Gobierno.

Esto contrasta fuertemente con la situación que enfrentan las personas menos afortunadas, para quienes esas protecciones básicas son deficientes o están en gran medida ausentes. Las personas sin hogar y que viven en la calle sencillamente no pueden protegerse eficazmente del virus. Las familias que viven en situación de pobreza extrema se ven obligadas a vivir en viviendas insalubres y hacinadas, sin acceso al agua potable y equipos de saneamiento adecuados. Sus hijos e hijas carecen de las herramientas más básicas, de acceso a la tecnología digital y del apoyo necesario para continuar su escolarización durante los períodos de confinamiento.

Millones de niños y niñas que han dejado de recibir alimentos en la escuela pasan hambre. Lamentablemente, muchas personas que viven en situación de pobreza no tienen más opción que seguir trabajando sin descanso, a pesar de saber perfectamente que corren el riesgo de exponerse a sí mismas y a sus familias al coronavirus. Cuentan con pocos o con ningún recurso para acceder a los dispositivos de seguridad social y no pueden acceder a una ayuda que contribuya a superar las dificultades económicas causadas por la pandemia.

«Ya no tenemos control sobre las estaciones y ya no sabemos cuándo sembrar. Gasté el dinero que tenía en la compra de una pequeña parcela pero no pude sembrar porque no llueve. Decidimos perder solo el dinero que gastamos para desherbar en lugar de perder también el dinero de las semillas» Campesino de Haití

Nuestra injustificada fe en los sistemas económicos que valoran el desarrollo a cualquier precio han incentivado modos de producción y consumo insostenibles que ahora amenazan la salud y la integridad de la biosfera. Debemos cambiar de rumbo y aplicar un paradigma de crecimiento que sitúe la sostenibilidad medioambiental y la justicia social en el centro de nuestras preocupaciones. Como ya se puso de manifiesto mucho antes de que se iniciara la pandemia, nuestro desprecio hacia la protección del medio ambiente ha hecho que innumerables familias que viven en situación de extrema pobreza trabajen y jueguen cerca de las peores fuentes de contaminación y en las zonas más degradadas y frágiles desde una perspectiva medioambiental.

Las personas que viven en la extrema pobreza, a menudo por pura necesidad, son las primeras en actuar de manera concreta dentro de sus comunidades en respuesta a la pobreza, al cambio climático y los desafíos medioambientales. Sin embargo, sus esfuerzos y su experiencia suelen pasar desapercibidos y no se aprecian; no se toma en consideración su capacidad para contribuir positivamente a la búsqueda de soluciones; no se les reconoce como impulsores del cambio y sus voces no se escuchan, especialmente en los órganos internacionales.

Pero esto tiene que cambiar. La participación, los conocimientos, las contribuciones y la experiencia de las personas en situación de pobreza y a quienes se deja atrás deben ser valoradas, respetadas y se deben reflejar en nuestros esfuerzos por construir un mundo equitativo y sostenible en el que haya justicia social y medioambiental para todas las personas.

Los Gobiernos deben actuar con determinación —en asociación y en solidaridad con las personas que viven en situación de pobreza— para dar una respuesta eficaz a la recesión económica mundial que ahora amenaza los logros alcanzados en la reducción de la pobreza y frena los esfuerzos en la lucha contra el cambio climático y la degradación del medio ambiente. Las medidas de las Naciones Unidas para garantizar que los Estados miembros alcanzan los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030, entre ellas, las respuestas socioeconómicas propuestas a la pandemia mundial, deben diseñarse en favor de las personas en situación de pobreza y centrarse plenamente en el establecimiento de soluciones ecológicas para la recuperación económica.

-*-*-*-*-*-*

Desde 1987 se celebra el Día Mundial para la Erradicación de la Extrema Pobreza, reconocido en 1992 por las Naciones Unidas como el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Esta jornada promueve el diálogo y la comprensión entre las personas que viven en situación de pobreza con sus comunidades y con la sociedad en general. «Constituye una oportunidad para reconocer los esfuerzos y la lucha de las personas que viven en la pobreza y para que estas hagan oír sus preocupaciones, así como para reconocer que las personas pobres se encuentran en la vanguardia de la lucha contra la pobreza». (Naciones Unidas, Informe del Secretario General, A/61/308, párrafo 53).

Pueden encontrar más información sobre las iniciativas, eventos y actividades para conmemorar el 17 de octubre en todo el mundo en el sitio web de UNDESA y en mundosinmiseria.org

Comite Internacional 17 de Octubre
12, rue Pasteur F-95480 Pierrelaye (France)
http://mundosinmiseria.org
comite [dot] international [at] oct17 [dot] org

Nota: Las opiniones expresadas en el presente documento no representan necesariamente las de la Organización de las Naciones Unidas o de sus Estados miembros.

Palabra clave :