Mobilizarse por un amigo
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Carta a Nuestros Amigos en el Mundo 83

Mbaraka K., amigo del Movimiento ATD Cuarto Mundo en Tanzania desde hace varios años, nos cuenta lo que ocurrió cuando se enfermó uno de los obreros del mercado de pescado en Dares-Salam.

En el mercado de pescado conocí a Shabani, un hombre que estaba enfermo y trabajaba friendo pescado. Sufría mucho a causa de una hernia y no tenía hermanos ni hermanas ni ningún familiar, y vivía en la calle. Yo no tenía dinero para ayudarlo y le pedí consejo a un voluntario de ATD Cuarto Mundo, quien me sugirió que hablara con los compañeros del mercado y le pidiera a cada uno que diera un poco de dinero para la operación. Después de colectar sus donativos, lo llevamos al hospital en un taxi.

Un médico examinó a Shabani, le consiguió un lugar y me dio una receta con los medicamentos que se necesitaban, y yo fui a comprarlos a la farmacia. Después me explicó que no había suficiente sangre en el banco de sangre para la operación y me sugirió que fuera al mercado de pescado a pedir a los amigos que dieran sangre.

Junté como a veinte personas, pero en cuanto empecé a hablar de donar sangre solamente se quedaron seis, que fueron al hospital. Los dejé con el médico, quien los llevó a una sala donde se tomaba la sangre. Dos personas se asustaron y se fueron, así que quedaron solamente cuatro que estaban dispuestas a donar. El hospital identificó su grupo sanguíneo, pero solamente el de dos personas era compatible, y una de ellas estaba demasiado débil para donar. Así que de las veinte personas del principio, una sola podía donar sangre. Inicialmente yo no había pensado donar mi sangre, pero terminé  haciéndolo y al final fuimos dos quienes donamos sangre. El médico y la enfermera me preguntaron cuál era mi relación con Shabani y se sorprendieron cuando dije que era un amigo y no un pariente.

La operación fue un éxito, pero después no había nadie  para cuidarlo. Yo me quedé en el hospital el resto del día y por la tarde, le di de comer y de beber hasta que pudo salir. Me entregaron a Shabani pero como no tenía espacio, no podía llevarmelo a mi casa, así que otra amiga lo alojó en  la suya y yo seguí cuidándolo hasta que se restableció.

Ahora la hernia ya desapareció, Shabani es un hombre fuerte y sano. Tiene un pequeño puesto en una isla de pescadores cerca de donde vivo y cuando llega de pescar, me regala un poco de pescado. Somos muy buenos amigos.
 

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