Lo que voy a compartirles sale de mi corazón
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Todo lo que es pobreza, toda persona que esté en el limite de su vida, me comprometo a verla. Mi trabajo es muy simple: me voy a caminar por los barrios; generalmente no censamos a los pobres, pero siempre los encontramos.

Mi deseo es ver que la persona tiene cierta dignidad, que está de pie, que resiste. Es un trabajo de presencia. Cuando me acerco a ellos, siempre les digo: “No tengo nada que darles, pero vengo a decirles que ustedes cuentan para mí. Si otros los han humillado, sepan que hay alguien que está aquí para ustedes y que ustedes son valiosos”. Eso es muy importante. Lo que cuenta para mí es la presencia. Ser uno con ellos, eso es lo esencial cuando uno es pobre. Ellos acostumbran creer que cargan con todas las maldiciones. Y hay que saber responder, transmitir un mensaje que sea creador de optimismo. “Nada está  perdido, otra vida es posible”.

Las actitudes que cultivo son: la presencia, la escucha, la valoración de las capacidades, el respeto. Los pobres hablan mucho, tienen mucho que decir. Generalmente nadie los escucha pero yo siempre tomo tiempo para hacerlo. Cuando los visito, nos sentamos, hablamos y hablamos. También trato de mostrarles que otra vida es posible a pesar de todo, que no crean que son los castigados de la Tierra. Ese es el discurso más difícil porque dicen: “¿Cómo vamos a salir de esto?” Es
verdad que es algo muy existencial: las familias no tienen ni para comer. Cuando preguntan: “¿Cómo vamos a hacer para salir de esto? ¡Proponga algo!”, el riesgo es decir: bueno, pues voy a dejarles mil francos. ¿Y después qué?

A menudo les propongo un pequeño ejercicio: “Ustedes tienen potenciales, ustedes son quienes van a salir de la situación en la que están sumidos. La pobreza no es una maldición, es un estado de vida que le puede llegar a cualquiera. Una persona que antes era rico, ahora puede ser pobre. Ustedes tienen capacidades. Siempre les digo: “Dime,
¿tú tienes cualidades, verdad?”. “Sí”. “Dame solamente diez cualidades que crees tener. Tan sólo diez”. Es un trabajo difícil, de introspección, pero que ayuda a valorar a la persona: si tienes capacidades, aptitudes, cualidades, tú puedes. Pero muchas veces te dicen: “No, mira, otras personas deben decírnoslo”. Y les contesto: “No, tú puedes, mírate, mira lo que eres capaz de hacer”. Entonces la persona empieza diciendo: “Bueno, yo creo que puedo hacer esto, o aquello, que soy tal...”. Y yo me apoyo en una de sus cualidades importantes. El  desarrollo de los potenciales es muy importante. Tener una imagen positiva de uno mismo es algo que nos impulsa que nos da la fuerza para superarnos.

Respeta al pobre en lo que él es, no vengas a darle lecciones. Creo que el ejemplo dice más que mil palabras.
 

Blaise N., Camerún

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