la pobreza no es una fatalidad.
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Carta a Nuestros Amigos en el Mundo 99

Principios clave para comprometerse con personas que viven en situación de extrema pobreza.
Antes de participar en el programa de alfabetización, mi vida tenía un gusto amargo. No sabía reconocer los números. Para poder despertar a mis hijos para ir a la escuela, me basaba en la posición del sol. Vendía huevos en el mercado y pedía a mi marido que contase cuánto había ganado. Estas situaciones difíciles me impulsaron a aprender a contar, a escribir y a leer... La educadora trabajó mucho para hacernos salir, a mí y al resto de personas del grupo de la oscuridad del analfabetismo. Me convertí en una mujer diferente. Aunque ya tenía 40 años, tuve la impresión de renacer. Fátima, Asociación CODEV, Marruecos
 

Creo que una de las personas que, en mi vida adulta, más me ha ayudado a expresarme y tener confianza en mí misma fue Françoise, una voluntaria permanente de ATD Cuarto Mundo. Antes, casi nunca me expresaba (…) Siempre tenía mi propia opinión, pero nunca la expresaba. (...) Los ánimos y el apoyo que me brindó, así como el hecho de que personas «con estudios» me escucharan y respetaran, me convenció de que podía tomar el control de mi vida. Noleen F., Irlanda
 

Comprender las diferentes dinámicas y relaciones dentro de la comunidad…
Nuestra convicción es que una persona pobre tiene inteligencia, valor y ganas de triunfar en la vida. (...) Necesita calor humano para que se vuelva a sentir una persona completa, útil para el cambio de la sociedad. Así el viejo Raúl, que vivía en una inaceptable soledad, desde que forma parte del grupo de familias solidarias, se siente útil. Cuando decimos “no dejar a nadie atrás” hablamos de personas sumidas en una situación de miseria, olvidadas por la sociedad y que, sin embargo, siguen vivas. (…) Familias Solidarias, República Democrática del Congo
 

Empoderando a las personas en extrema pobreza para ejercer sus derechos.
Cuando inicié mi labor como defensora de derechos, la administración pública a menudo me maltrató. El problema no eran mis papeles, sino mi situación de pobreza, una situación en la que se encuentran todas las mujeres que intentan hacer trámites administrativos cada mes (...). Necesitamos un cambio en estas personas y estructuras. Tienen que asumir que su empleo es un lugar de servicio y no un puesto de poder (...). Creo que es posible construir un mundo justo. Ana I., Perú

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