La lección de vida de Pedro
arton1802.jpg

En este artículo, la fundadora de MAM atestigua de Pedro, de su lucha a favor de su propia dignidad, y de su «lección de vida» que nos revela. Descubra a un corresponsal del Foro Permanente sobre la extrema pobreza en el mundo.

El Movimiento de Abolición de la Miseria (MAM) es una organización que acompaño durante 10 anos (hasta 2003) a familias que vivían en situaciones inaceptables en los suburbios de Santa Fe – Argentina.

El MAM antes de convertirse en una ONG era un grupo de personas que crearon una alianza junto a familias muy pobres en el sector de "La TABLADA". Este grupo se hacia llamar "Por una mejor calidad de vida".

La organización no pudo resistir a la crisis económica Argentina. Su existencia jurídica a terminado pero el compromiso que le dio origen sigue vivo en cada uno de sus miembros.

EL MENSAJE DE PEDRO

En las afueras de Santa Fe (Argentina), en un predio ladrillero los vecinos sabían que vivía Pedro, en un cobertizo debajo de un árbol. Solitario y enfermo, sin permitir que se le acercase nadie, se le veía cuando trabajaba vigilando el horno del Patrón. Se decía que recibía por paga abundante vino y fiambre como comida. Sus condiciones de vida hicieron que su estado de salud se fuese deteriorando y el sufrimiento le acercase al Movimiento de Abolición de la Miseria (MAM) para que lo llevasen al hospital. A partir de ese momento se sintió reconocido en su dignidad de ser humano y empezó a revelar lo que consideramos «su lección de vida».

Al llegar al hospital, María, voluntaria del MAM, llevó a Pedro a la sala de emergencia. El diagnóstico de la joven médica no dejó dudas. Tenía llagadas sus manos, brazos así como diferentes partes del cuerpo. En algunas partes, el tejido de su piel estaba en descomposición. Por su gravedad se le exigía con urgencia quedar hospitalizado. La calidez de la recepción de la médica, en contraste a todo lo que había padecido en la soledad y la promesa de visitarle al día siguiente, le hicieron aceptar más fácilmente su hospitalización, y además de buen agrado.

El médico tratante nos hizo ver las dificultades para superar la adicción al alcohol al no tener un grupo de autoayuda ya que tenía afectado el hígado. En el hospital Pedro permaneció tres largos meses, como se sentía atendido y respetado, su mejoría fue tan notable que le permitió brindarse a los demás. Los enfermos impedidos que no podían moverse de sus camas lo llamaban y él los auxiliaba. El como nadie conocía la soledad y se reveló como un samaritano. Algunas veces los enfermos terminales clamaban por su nombre. Temían quedarse solos y le rogaban su compañía. Su calidad para tratar a quien sufría no tenía igual, dar con cucharitas gotas de agua al sediento y tantos otros actos de amor. Así fue que sus compañeros de sala deseaban que no lo dejasen retirar del hospital y con simpatía las enfermeras valoraban su transformación.

Al salir del hospital, Pedro habitó dentro del área de las otras viviendas del MAM y fue recibido por todos con sumo respeto y amistad. Aceptó ser responsable de un grupo al que se llamó « alcohólicos por una mejor calidad de vida », albergó en su pequeña casita uno que otro amigo y los enviaba a hablar con un voluntario para tener acceso al médico y ser atendido como él lo había sido. Al no poder lograr la creación de un grupo de apoyo duradero, tomaba algunas veces, sin embargo sus esfuerzos verdaderos, se resumen en lo que fue su mensaje ante cualquier dificultad «no basta decir, hay que hacer».

Un día, comentó la fecha de su cumpleaños por lo que se acordó festejarlo con sus logros. Al llegar la fecha, todos fueron testigos que estuvo esperando la llegada de la torta (pastel) de cumpleaños, con buena vestimenta y muy nervioso. No obstante al ver que se había cumplido y se llevaba “la torta” y que se iba a festejarlo, él no pudo soportar su propia emoción y se fue, sólo dijo al irse :“Yo no creí que alguna vez iba a tener una torta de cumpleaños.” Se le vio emocionado, como llorando, y en total soledad se fue a tomar y durmió hasta el día siguiente. Cuando se hizo presente, nadie le dijo nada. La aceptación de situaciones así, es una lección para todo voluntario ya que es muy profundo el respeto que se obtuvo por la persona en enfermedad o desgracia.

Una noche, regresando a su casa, se ahogó en una zanja. Sus amigos pusieron en el borde de la zanja una cruz de madera con estas palabras : “Indio descanse”. Lo llamaban Indio, quizás por su tez morena. En la cruz pusieron un ramillete de flores y se le pidió al Párroco que en ese lugar se rogara por su alma.

Al pasar los años, Ester se encontró con un amigo de Pedro que dijo que desde su muerte, había resuelto no tomar más y ayudar a otros a que dejaran la bebida y así darle continuidad a lo que él quería.

Pedro nos dejó una experiencia muy rica en los últimos años de su vida en cuanto pudo manifestar su lucha a favor de su propia dignidad, contagiando a todos con una enorme esperanza.

Ester C., Movimiento de Abolición de la Miseria, ARGENTINA

Para comentar a este artículo o enviar sus propias observaciones, hacer clic aquí.