Hoy son mi familia
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Luis C. ha desarollado un proyecto para hombres que han vivído mucho la exclusión y varias adicciones. Dandose cuenta que no habia un lugar para acogerlos después de su estancia en centros de rehabilitación decidió recibirles en una casa que alquila para permitirles seguir adelante.

“Empecé por una etapa de exploración visitando a personas que vivían y trabajaban en la calle, y visitando algunos centros de rehabilitación. Vi que era necesario brindarles oportunidades a estas personas de la Capital de Guatemala, que viven una situación de riesgo y en un contexto de desconfianza.

Actualmente, recibo a cuatro personas, pero desde el inicio han pasado doce hombres, entre 18 y 35 años. En la casa pueden quedarse el tiempo que deseen, no hay un tiempo predeterminado. Viviendo en comunidad participamos todos cocinando, limpiando y lavando nuestra propia ropa. Cada uno tiene su proceso en esta colectividad, aprendemos a vivir juntos y a crear un ambiente de fraternidad, cuando
hay algun conflicto lo hablamos para solucionarlo. Llegando a la casa, cada uno realiza un pequeño proyecto de vida, tomando responsabilidad sobre su propia vida y retomando todo lo positivo que ha vivido. Nos basamos mucho en la libertad y la responsabilidad.

En lo cotidiano, los fines de semana han retomado los estudios que han dejado. Buscamos padrinos para pagar el colegio y trabajo para que puedan pagar sus gastos básicos y aportar al mantenimiento de la casa. Para aprender nuevas cosas encontramos por ejemplo talleres de cocina y actividades de voluntariado en instituciones. Cuando tenemos dificultad con la renta de la casa, vemos juntos las formas de avanzar. Quien no puede aportar económicamente, aporta con su trabajo: nadie se queda sin aportar nada.

Creo en la autosostenibilidad del proyecto, porque no quiero que dependamos de instituciones que nos impongan metas o resultados, que no siempre se logran medir u obtener de forma inmediata. Nos empuja a ser más creativos. Hemos creado una tienda donde vendemos ropa, zapatos y todo lo usado en buen estado, y un huerto urbano donde sembramos cebolla, chile pimiento, chile jalapeño, apio y ajo.

De los que estuvieron en la casa, algunos lograron salir adelante. He aprendido que cada quien tiene que recorrer su camino y no lo puede hacer nadie más. Conocer otras realidades me ha hecho más humano, más sensible, pero curiosamente más fuerte. Me ha hecho interesarme más en esos que desconocía y que hoy son mi familia.”

Luis C., Guatemala