Hablar del futuro con los niños
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Carta a Nuestros Amigos en el Mundo 79

De joven, James S. conoció muy bien la vida en las calles en la India. Al crear la asociación Nanban – que significa “amigo” en Tamul, quiere dar a los niños y jóvenes que enfrentan la miseria y la vida en las calles otra oportunidad para su vida; pero, sobre todo, busca trabajar enfocándose en la prevención con los llamados niños “de riesgo” y sus padres. Acontinuación presentamos un artículo publicado en el Deccan Chronicle, escrito por Sr. Nizar Ahamed.

Desconcertados, indefensos y pobres, sin duda los niños que perdieron a sus padres no pueden hablar mucho del futuro. No se trata sólo de huérfanos; los niños que se escapan por toda clase de razones también enfrentan un porvenir terrible e incierto.

Una organización como la Fundación Nanban ayuda y reintegra a esos niños, dice S. Tamil Selvam, coordinador de los programas de la Fundación. “En las calles de Madurai hay niños que han perdido a sus padres o que huyen de su casa por maltrato o por no poder enfrentar la presión de la escuela; algunos incluso vienen de otras ciudades. Muchos de ellos trabajan en hoteles porque ahí pueden obtener alimento y refugio; otros van a dar a las estaciones de tren o de autobuses. Nosotros juntamos a estos niños y hablamos con ellos, tratando de resolver sus problemas y devolverlos a su familia. Si no cuentan con ningún apoyo, los entregamos al organismo gubernamental “Comisión Bienestar de los niños”, que cuida de ellos y de su educación».

Rishab (16 años), oriundo de Rajastán, huyó para escapar de la tortura. “Huí de mi casa a los 13 años. Mi padre me pegaba cada vez que tomaba. Sencillamente me fui y vine aquí sin ninguna idea precisa. En el camino vi gente, también de Rajastán, que hacía estatuas; me acerqué y les pregunté si me podía quedar con ellos y me dieron un lugar para comer y refugiarme.

Khali Hassain (14 años) es originario de Hyderabad. “No tengo padres. Vivía en el muelle cuando una persona me contrató para vender “panipuri”; acepté y vinimos a Madurai, donde ahora vendo “panipuri” enfrente de las escuelas. Cuando veo a los alumnos me siento muy incómodo y a veces me pongo triste. Maldigo al destino que, a mi edad, me obliga a trabajar para ganarme la vida”.

JAMES S.,  INDIA