Era por la noche y llovía...
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Rosario es abogada, ponía todas sus competencias al
servicio de los habitantes de los barrios muy pobres y de
las favelas de Belo Horizonte. Lucha contra las expulsiones
arbitrarias y las violencias de las que son víctimas.

Recorría la calle, protegiéndome de la lluvia, caminando
bajo los balcones.El estaba allí; todos los días lo veía, lo
observaba. Le admiro...Como a alguien que no se ocupa
de “cosas importantes” de nuestro mundo capitalista, de
los “grandes negocios”, de las “grandes competencias”...
se queda ahí, bajo ese balcón, y le da de comer a los
pájaros. Lo llamaré José. José vive en la calle.

Hablamos a veces y él muestra una sabiduría inmensa, como
algo divino. Sonríe, habla poco, sus frases son cortas... Aquél
día, no resistí y le pregunté si podía tomar una foto de esa
escena que había observado tantas veces: los pájaros venían
a comer en su mano. Pensé en San Francisco de Asís y
tantas personas, hermanos y hermanas de la naturaleza y
de cualquier ser humano... Me quedé ahí mucho tiempo,
no tenía deseos de marcharme... Y pensé: y hay gente que
toma a las personas que viven en la calle por bandidos, que
dicen que son personas violentas, como hace poco lo
escribió el periódico del Estado de Minas. Dicen que esas
personas asustan a los habitantes... pero, en el fondo de mi
corazón, me pregunto: ¿Qué asusta más, escenas como ésta,
las personas que viven en la calle o la falta total de ética y
de humanidad que muestra el artículo de este periódico?.

Gracias, José, por estos encuentros, que hacen crecer en mí
el amor y la ternura. Esos días, soy diferente cuando vuelvo
a casa.

Rosário C, Brasil