Declaración del Comité - Pandemia de Covid-19
Refuser la misère

Declaración del Comité Internacional 17 de Octubre
Octava (8ª) Sesión, 2020

   Nosotros, Miembros del Comité Internacional 17 de Octubre, nos hemos reunido el 6 de julio de 2020.

  Recordamos nuestra Declaración de Roma adoptada durante la séptima reunión bianual de 2018, durante la cual hicimos un llamamiento a todos los dirigentes mundiales a traducir su compromiso en una puesta en práctica efectiva para acabar con la pobreza en todas sus formas y para construir sociedades pacíficas.

   Recordamos igualmente nuestro llamamiento a las Naciones Unidas para que nadie se quede atrás y para que movilicen plenamente sus esfuerzos para poner fin a la pobreza en todas sus dimensiones y para todas las personas desde ahora y hasta 2030; incluyendo una puesta en práctica efectiva de su iniciativa de implementación de una Base de Protección Social, y a todos los gobernantes y a las Naciones Unidas para que integren los resultados del proyecto de investigación “Las dimensiones ocultas de la pobreza” (Multidimensional Aspects of Poverty (MAP) en sus iniciativas y esfuerzos para poner fin a la pobreza en todas sus dimensiones, y tomen en cuenta los Principios Rectores sobre la Extrema Pobreza y los Derechos Humanos, adoptados por el Consejo de los Derechos Humanos en su resolución 21/11 del 27 de septiembre 2012. 

    Recordamos además nuestro compromiso de promover enérgicamente el Día Mundial para la Erradicación de la Extrema Pobreza, que reúne públicamente a todas las personas que trabajan juntas para poner fin a la pobreza y a las que quieran unirse, ya sea a nivel mundial, nacional o local; y renovamos nuestra llamada a las Naciones Unidas para que actualicen su análisis de 2006 a propósito de la contribución de la celebración del Día Mundial, a la movilización de todas las personas que actúan contra la pobreza y que consideren de manera urgente establecer un mecanismo a las Naciones Unidas, para asegurar la participación y la toma de palabra efectiva de las personas que viven en situaciones de pobreza y de extrema pobreza.

   Observamos con profunda preocupación la amenaza sin precedentes de la actual pandemia mundial de COVID-19 para la salud, la seguridad, la seguridad alimentaria y los medios de vida de las personas que viven en la pobreza extrema en todo el mundo; que los más pobres y los más vulnerables son los más duramente afectados por la pandemia y que el impacto de la crisis anulará los logros de desarrollo difícilmente adquiridos y obstaculizará el progreso hacia la erradicación de la pobreza en todas sus formas y hacia el objetivo de que nadie se quede atrás. 

    Reconocemos la solidaridad y la resiliencia de las personas que viven en la pobreza, que se han unido para luchar contra la amenaza de la pandemia en sus comunidades – a pesar de las dificultades y las cargas adicionales a las que se enfrentan en sus luchas diarias para superar la pobreza extrema, a pesar de la insuficiente o nula asistencia oficial en materia de atención médica y suministros para la protección e higiene personal, y a pesar de la falta de apoyo social adecuado y de asistencia económica para los más pobres y las personas sin hogar - como una importante lección para la comunidad internacional sobre cómo lograr la justicia social y ambiental para todas las personas.

    Observamos que el Secretario General de las Naciones Unidas ha subrayado que “debemos solidarizarnos con las personas que menos pueden protegerse contra el virus” y que los Dirigentes Mundiales han lanzado una petición por una Vacuna Popular para exigir que “Las vacunas, diagnósticos y tratamientos de la COVID-19 se ofrezcan gratuitamente a todas las personas y en todas partes”.

   1. Hacemos un llamamiento a los Gobiernos, a la Organización de las Naciones Unidas y a sus agencias para que hagan que las políticas y las acciones que buscan hacer frente a la emergencia sanitaria mundial y a sus devastadores efectos sociales y económicos, tengan en cuenta las vulnerabilidades particulares y las necesidades especiales de las personas que viven en la pobreza extrema, con el fin de proporcionarles un acceso adecuado a los servicios médicos y sanitarios y a los servicios sociales que les permitan así un restablecimiento duradero e inclusivo, incluyendo el acceso a la educación para todos los niños y niñas y la participación efectiva de las personas en situación de pobreza en la definición de las políticas, en su implementación y en su evaluación a los niveles nacionales, regionales y mundial, para que nadie se quede atrás.

   2. Pedimos igualmente a los Gobiernos, a las Naciones Unidas y a sus agencias que apoyen e implementen los principios y objetivos de la iniciativa de la Vacuna Popular para la COVID-19, con el fin de que todas las personas puedan recibir gratuitamente una vacuna en todos los lugares del mundo y que esta prioridad se atribuya a las personas que viven en la pobreza extrema, en particular los más desposeídos, ya que muchas de ellas no tienen acceso adecuado al agua, al saneamiento y a los servicios de higiene y son, debido a este hecho, los más vulnerables a la propagación del virus y a sus consecuencias más graves en la salud. 

   3. Exhortamos a todos los gobiernos a implementar políticas de estimulación económica y social que acuerden la prioridad a las personas que han perdido su medio de subsistencia debido a las medidas de control de la propagación del virus, especialmente las que se aplican a los que viven en la extrema pobreza, en lugar de a las grandes empresas y negocios, y para evitar imponer medidas de austeridad que han demostrado tener un impacto desproporcionadamente desastroso en los pobres, sino más bien para elegir una vía de crecimiento inclusivo, que implique la participación activa de todas las personas, que produzca mejores resultados para las personas, las comunidades y el medio ambiente a través de la solidaridad social.