Dar la palabra a las personas que están viviendo situaciones de pobreza. Reconocer su conocimiento y su valor.
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Sandra Sánchez, colombiana, es la directora y fundadora de la Fundación Oasis, institución ubicada en Ciudad Bolívar, Bogotá, barrio con una historia muy fuerte de discriminación y segregación social. Desde niña su sensibilidad y su rechazo de las injusticias la ha conducido a un compromiso por buscar un mundo más justo donde todas las personas puedan vivir dignamente. Si actualmente realiza un doctorado en París sobre temas de inmigración forzada es gracias a toda esta riqueza de experiencias.

La metodología

La metodología de esta investigación me hizo pensar en el sociólogo colombiano, Fals Borda, que creó un sistema de investigación activo-participativo con el objetivo de crear conocimiento colectivo pero también de colectivizar este conocimiento. La academia hace un trabajo importante de investigación y producción de conocimiento, pero a veces es muy lejano de la realidad. Eso cuestiona sobre los políticos, si realmente las decisiones, los estudios y el ejercicio profesional están acorde a la realidad que están viviendo las personas, sobre pobreza y sobre otros temas. Este informe permite no solo tener una metodología y unos aspectos técnicos, sino también a personas reales. Se le está dando la palabra, se le está dando voz y visibilidad a las personas que en estas dimensiones ocultas no pueden quedar ocultas. Están diciendo lo que sienten, lo que están viviendo y eso es sumamente valioso que esté, no sólo en un documento, en un video, sino también al lado de las reflexiones de los académicos, los profesionales y los políticos. El informe dice que el objetivo a largo plazo es que estas políticas públicas y las decisiones institucionales estén realmente encaminadas a erradicar la pobreza. Para entender una solución y un problema hay que ir a la raíz, ir a todas estas dimensiones que no son tan fáciles de entender y que pareciera que a conveniencia se han ocultado.

La experiencia central, las dinámicas relacionales y las privaciones.

El tema del desempoderamiento, es muy evidente. Cuando una persona tiene que levantarse cada día a pensar cómo va a alimentar a sus hijos, cómo sobrevivir; que es lo que pasó con la pandemia, que es lo que está pasando ahora en Colombia (mi referencia más cercana y más propia); claro que las personas no tienen ni el tiempo ni el poder de decidir sobre su propia vida y no resulta fácil involucrarse en las decisiones colectivas, en participar políticamente, en entender cómo funciona la estructura de la sociedad para intervenir.

Sin embargo las comunidades han creado formas colectivas para organizarse y responder a esa situación de precariedad y de violencia social. Asociaciones, fundaciones, como lo que nosotros hemos vivido en el Paraíso con la fundación Oasis. En mi barrio por ejemplo, cuando no había agua potable, las personas conectaban mangueras a las 3 de la mañana (porque claro, no era legal) en los lugares donde sí había agua. Lo interesante es que no era una persona la que tomaba el agua para ella sino que golpeaban a todas la casas, sabíamos que era para el agua y sacábamos las canecas; era un aviso colectivo para que todos pudiéramos tener agua. Y así sucesivamente con la luz y los servicios. Crecí en ese esfuerzo, claro de mi papá y mi mamá intentando mantenernos porque somos 4 hijos, y al mismo tiempo en esa colaboración de la comunidad. Es importante entender esa lucha y esa resistencia, y también todas las injusticias sociales y judiciales (yo soy abogada, tuve una beca de una universidad privada de Bogotá). Entender que hay personas que están en toda esta resistencia, pero que también hay personas que en su situación personal no logran encontrar los elementos para hacer frente a estas situaciones.

Hay fenómenos sociológicos que pasan en todos lados. Cuando uno ve en París las periferias y las situaciones de violencia, se da cuenta de que ese sentimiento de los jóvenes de no tener esperanza, de no tener oportunidades, y de no saber cual va a ser su papel en la sociedad, genera mucha frustración y mucha rabia y casi que hay una revancha contra la sociedad, contra la estructura misma, por no poder ser parte de algo, tener un papel. Esto genera muchos problemas de criminalidad; el problema es cómo la estructura institucional responde. Cuando tienes una situación de pobreza es mucho más difícil tener una representación legal, alguien que te defienda, para entender lo que pasa. Pero si una persona con mucho dinero y con mucho poder comete un delito la institución no es objetiva y no es equilibrada. Las situaciones de injusticia y re-socialización, como lo llama el sistema judicial, no funcionan porque las raíces del problema se encuentran en la vulnerabilidad y en las condiciones en que las personas intentan encontrar su papel. Hay verdaderos sistemas de criminalidad que además reclutan y están todo el tiempo buscando este tipo de personas.

La dinámica relacional y el maltrato institucional.

Colombia es un país muy desigual y con unas dinámicas bastante difíciles. Hay otros países en los que el tema de la discriminación racial es claro; para nosotros es una cuestión de discriminación económica: “cuánto tienes, cuánto vales”. Tenemos un sistema de estratos sociales que van del 1 al 6 y donde todo el mundo intenta subir de estrato. En mi barrio la gente hacía la broma de decir “nosotros somos estrato 0” porque no tenemos servicio, ni transportes. Claro, el barrio ha mejorado mucho y por ejemplo hoy tenemos un teleférico que llega hasta Paraíso. Pero eso es el resultado de una lucha de toda la comunidad y de organizaciones que dijeron “aquí estamos” somos las personas que hacemos los trabajos domésticos, que trabajamos en seguridad, que hacemos las ventas y merecemos ser parte de esta ciudad, no nos pueden seguir excluyendo. Este sistema de rangos crea conflictos entre las propias personas que dicen “no quiero estar considerado en este estrato porque me van a discriminar para tener un trabajo, para estudiar”. Es un sistema muy perverso que nos ha hecho mucho daño.

También es importante el reconocimiento de las comunidades denominadas pobres, por ejemplo en temas de medio ambiente. Yo recuerdo que nosotros no utilizábamos nunca bolsas de plástico porque había que comprarlas, así que la gente llevaba su canasto, su bolsa de tela. Y es que ser pobre sale muy caro. La gente compraba comida en pequeñas porciones, el aceite, el arroz, porque no tenía los recursos para comprar grandes cantidades. Pero económicamente, si hacemos las cuentas, eso sale mucho más caro que si puedes tener una reserva de alimentos. Tener una bicicleta en Colombia es indispensable y es un medio mucho mas económico que un carro. Encontrar una bicicleta, arreglarla y poder desplazarse. Todo eso parece muy invisible porque hoy día esto está de moda, hay toda una conciencia ecológica y pareciera que los pobres ya hubiéramos hecho todas estas prácticas, incluso ancestrales, de respeto al medio ambiente. Esta muy ligado también a tradiciones que están en contra del consumo, del capital.

La conclusión más importante es que el informe inspira porque le da la palabra a las personas que están viviendo estas situaciones de pobreza. Les reconoce su conocimiento y su valor, y como han tenido que afrontar estas situaciones de pobreza. Y además hacen propuestas. Cuando esta mujer habla de la paz, me hace pensar que las mujeres están en esa situación de vulnerabilidad y aún así son ellas las que tienen más esperanza de paz sabiendo toda la violencia que han vivido.