Atender a los más aislados
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Carta a Nuestros Amigos en el Mundo 86

Adonis es un estudiante de medicina, oriundo de Camerún. A dondequiera que va, es fiel a su voluntad de llegar hasta las personas más aisladas, en Togo, en Marruecos: “Quisiera llegar a regiones aisladas para regalar un poco de mi tiempo y ayudar a la gente a salir de situaciones difíciles”. Nos comparte su experiencia de compromiso de Filipinas, después del tifón Haiyan.

Durante mis vacaciones anuales de 2013, decidí ser voluntario para poner mis conocimientos y mi tiempo al servicio de las personas que lo necesitaban. Así, gracias al apoyo financiero de algunos amigos, pude ir a Filipinas para ayudar a las víctimas del tifón.
 

Un día cuando había terminado más temprano, decidí pasar un poco de tiempo en la playa. Ahí, vi una isla completamente plana. Me enteré de que esa isla se llamaba Salvacio y que había sufrido muchos daños por el paso del tifón. Se había sumergido y como no había montañas, su población no tenía dónde refugiarse. Algunos habitantes se agarraban de los cocoteros para sobrevivir. El viento soplaba muy fuerte y arrancaba los
cocoteros de raíz. Otros habitantes habían caído al mar, luchando contra las olas. Muchos murieron de esa manera. Después del paso del tifón, la mayor parte de los habitantes de la isla no pudo llegar al centro de auxilio, ya que no podían pasar el costo del pasaje en barco. Semanas antes, un equipo de la Cruz Roja había ido a esa isla llevando asistencia. Los pacientes debían volver a cruzar para su seguimiento, pero la mayoría no pudo hacerlo por falta de recursos. Por todo eso, decidímovilizar un equipo para llevar medicina y atención necesaria a la gente.
 

El día de nuestra salida llovía mucho y yo no me sentía muy tranquilo para navegar. Dos enfermeras que también habían planeado ir con nosotros, desistieron. En ese momento, sentí una gran fuerza interior para ir. Algunos voluntarios de Filipinas nos tranquilizaron, diciéndonos que cuando llueve no hay olas grandes. Al final sí salimos al mar. Cuando llegamos, encontramos a unos cien pacientes que nos estaban esperando y los atendimos. Al regresar por la noche yo estaba tranquilo, pues “estábamos en lo correcto al ir al encuentro de
esos habitantes”.
 

ADONIS, CAMERÚN