Aportamos con un granito de arena
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Carta a Nuestros Amigos en el Mundo 101

Desde muy pequeño he tenido relación con niños de la calle, a quienes mis padres apoyaban acompañándolos. A veces se quedaban en casa y almorzaban con nosotros. El teatro también me ha acompañado desde muy pequeño. Estudiaba antropología, pero, quería ser “un gran actor”.

Mi primera experiencia con un grupo de chicos me hizo entender que mi vocación no era ser el mejor actor, sino que había algo en el teatro que me permitía compartir aprendizajes y vivencias. Empecé a trabajar con la Asociación Pasa la voz, que brindaba talleres de habilidades sociales para la vida, desde las artes, a niños y adolescentes en situación de riesgo social. El teatro se transformó en una herramienta más que en una meta.

Cuando un chico pasa de ser callado, tímido, a empezar a responder, a hablar, eso nos alienta, porque está opinando. A partir de estos talleres, los chicos tienen la posibilidad de participar, expresarse y reflexionar sobre qué pueden hacer para cambiar su entorno, qué tipo de personas quieren ser. Lamentablemente el proyecto de Pasa la Voz cerró. Los chicos nos reclamaban para seguir con los talleres y no podíamos decirles que el proyecto había cerrado. Han sido ellos los que más nos han motivado a seguir. Con las personas que se quedaron decidimos continuar y formar el colectivo llamado “Simpay”, donde militamos como educadores comunitarios. Decidimos enfocamos en el Centro Juvenil de Marcavalle. 

Los centros juveniles son casi como cárceles, los chicos tienen que hacer todo lo que les dicen, pero no hay nadie que les diga: “lo has hecho bien”, o “ahora ¿qué quieres hacer?”. Muchos llegan a estos centros, porque han estado solos, no han sido acompañados y por eso cometen errores. Muchos han sido manipulados por adultos para delinquir. En este centro desarrollamos talleres, espacios alternativos de paprendizaje útiles para la vida y la participación ciudadana y fortalecemos las habilidades sociales de los jóvenes del centro. Decidimos continuar con la misma calidad de talleres como si estuviésemos percibiendo una remuneración. 

Recibo mucho cuando me encuentro con un chico que ha salido del centro y me dice: “Ahora estoy trabajando en un hotel y estoy terminando gastronomía” u otro que dice: “Si no me hubiera encontrado con ustedes ahorita estaría delinquiendo”. Nos dicen que nos involucramos mucho con estos chicos, yo digo que la relación va más allá…ellos no van a hacer esa diferencia entre ellos y nosotros, ellos nos hacen parte de sus vidas, cuentan con nosotros. Nosotros aportamos con un granito de arena.

Eduardo F., educador comunitario, Cusco - Perú