¡Por la justicia!, ¡Por la paz!
guatemala
Carta a Nuestros Amigos en el Mundo 78

Hoy mismo por todas partes se levantan muros. Allí, la frontera es un paredón de cemento entre dos pueblos, que hace imposible la circulación y el encuentro entre personas. Aquí, multitud de barreras de acero rodean la zona industrial dispuestas a cerrarse definitivamente para impedir que comunidades y gentes que no tienen otro lugar donde ir puedan instalarse. En todas partes estos muros avergüenzan a aquellos que los construyen y asfixian a quienes se ven condenados a sufrirlos. Pretendiendo garantizar la seguridad de unos, estas separaciones condenan a otros a la inseguridad, la reclusión, el vagabundeo o la miseria. Estos muros reducen a nada todo reconocimiento mutuo, imprescindible antes de cualquier intento de construcción
común. Todo el mundo sale perdiendo.

A pesar de todo, de un lado y otro de estos obstáculos infranqueables, a veces corriendo grandes riesgos, mujeres, hombres, jóvenes, niños, crean pasajes, abren ventanas, proponen a los del otro lado encuentros, festejos, en los que cada cual sigue siendo para el otro un invitado por conocer, un buscador de justicia, sin que nadie imponga una única manera de vivir o de creer.

A veces, la implicación de miles de ciudadanos, desde los más humildes a las más prestigiosas personalidades, no basta. Frágil, entonces, la esperanza vuela despedazada, hasta el punto de hacer una simple pregunta intolerable. ¿De qué sirve movilizarse puesto que tras muros y murallas y paredones de leyes, reglamentos y certitudes, los poderes no quieren ver, ni escuchar, ni compartir? ¿Dónde encontraremos el valor necesario para intentar y proponer gestos de solidaridad, sin caer en una violencia que no hará más que encender otras violencias, no hará más que machacar otras vidas inocentes?

En un tiempo particularmente señalado por eventos que descuartizan la fraternidad, ¿dónde encontraremos la energía y el deseo ardiente para vivir juntos, en paz, más allá del miedo al otro, más allá de la desconfianza de aquellos que viven de maneras distintas a las nuestras, más allá del rechazo a aquellos que sobreviven a base de expedientes porque no tienen otra opción?

“¡Por la justicia!, ¡Por la paz!” proponía hace treinta años el Padre Joseph Wresinski. Este desafío inspira siempre al Movimiento ATD Cuarto Mundo, desde entonces, no ha cesado de iniciar, junto a otros, miles de encuentros entre mundos que se ignoran, provocando la unión, creando día a día una historia de liberación de los poderes y saberes acaparados por unos pocos, una historia libre de las falsas seguridades, una historia en la que aquellos que atraviesan todas las crisis son los primeros inspiradores. Vivamos encuentros que alimenten nuestra energía, nuestro coraje, nuestras ambiciones.

Eugen Brand Delegado General
del Movimiento Internacional ATD Cuarto Mundo